Patriarca con KGB


Sospechas de colaboración con el KGB ensombrecen legado del patriarca ruso.


En medio de las loas al difunto patriarca de Moscú y de todas las Rusias Alexis II, fallecido ayer a los 79 años, persisten las sospechas de que el jefe de la principal Iglesia ortodoxa espió durante la época soviética para el KGB.

Expertos del KGB y de sus ví­nculos con la Iglesia ortodoxa durante la era soviética dijeron que la jerarquí­a eclesiástica estaba llena de informadores, entre ellos Alexis, supuestamente enrolado en 1958 y al que se le habrí­a dado el apodo «Drozdov».

El indicio más creí­ble de que pudo haber colaborado con el KGB es un documento descubierto en Estonia en los años 1990, publicado por el historiador Indrek Jurjo, director de publicaciones de los Archivos Nacionales de Estonia.

«Habí­a una descripción de la captación del agente Drozdov. Su verdadero nombre no aparecí­a pero todo encajaba con la biografí­a del Patriarca Alexis II, hasta el año de nacimiento» dijo Jurjo por teléfono desde Estonia.

Alexis tuvo una carrera exitosa gracias a su voluntad de cooperación con las autoridades soviéticas, que entre otras cosas le permitieron a cambio visitar «paí­ses capitalistas» con delegaciones eclesiásticas, sostiene Jurjo.

«El KGB no lo presionó mucho. No tení­an material comprometedor. Simplemente le ofrecieron la posibilidad de hacer carrera. Si él los hubiera desairado, probablemente habrí­a seguido siendo un simple sacerdote», dijo Jurjo a la AFP.

Prácticamente todos los obispos ordenados bajo la Unión Soviética trabajaban para el KGB, asegura el padre Gleb Yakunin, un cura entonces disidente y activista de los derechos humanos que estudió en los años 1990 los archivos de los servicios secretos sobre los mandatarios religiosos.

«Eran todos informadores», dijo Yakunin a la AFP. «Pero Alexis descolló de manera especial. Fue muy activo en esa función», afirma.

Ahora, muchos de esos obispos se disponen a elegir al sucesor de Alexis, que pasó de ser un seminarista en Estonia a convertirse en el lí­der espiritual de millones de ortodoxos rusos.

Alexis nunca admitió abiertamente ser un informante, y la Iglesia ortodoxa negó incluso las informaciones que apuntaban a una amplia infiltración del KGB, pese a las numerosas revelaciones destapadas en la prensa rusa en los 90.

Sin embargo, en una entrevista publicada en el diario Izvestia en 1991, en pleno derrumbe de la Unión Soviética, el patriarca pidió «perdón» por los actos de los lí­deres de la Iglesia ortodoxa.

Al explicar que, en tanto que obispo de Estonia durante tres décadas habí­a impedido a las autoridades cerrar una sola iglesia, Alexis dijo: «Para defender una cosa, era necesario ceder en otra».

Según Oleg Kalugin, un ex general del KGB que ahora vive en Estados Unidos y ha escrito varios libros sobre la agencia, Alexis se creí­a en el deber de colaborar para salvar a la Iglesia.

Hablando a la AFP por teléfono, Kalugin dijo haber preguntado a Alexis en 1991 por qué trabajó para los servicios secretos.

La respuesta de Alexis, según Kalugin, fue: «Â¿Qué otra cosa se supone que tení­amos que hacer? O emigrar, o ser ejecutados, o ir a un campo de concentración, o cooperar. Yo colaboré para salvar a la Iglesia y a mí­ mismo».

Kalugin dijo que el KGB establa «completamente» infiltrado en la cúpula religiosa, y que los sacerdotes ayudaban a detectar a posibles disidentes.

«Si un fiel se mostraba desleal al régimen soviético, y el sacerdote se enteraba, su deber era indicarlo», dijo Kalugin.