Paternidad responsable, fuente de desarrollo


Miguel-Saquimux-2012

El día de ayer se celebró en nuestro país el Día del Padre, con ello se expresan un sinfín de sentimientos en las familias guatemaltecas, pero, más allá de las muestras de afecto y del arrastre comercial que caracteriza esta festividad, es importante profundizar en la situación que se encuentra en la actualidad la paternidad y su papel como eje principal del desarrollo nacional.

Miguel Saquimux Contreras
miguelsaquimux@gmail.com


El liberalismo se aplica en todas las esferas de la vida a nivel mundial, es por esto que muchos individuos ya no comparten la idea de que “la familia es la base fundamental de la sociedad”. Sin embargo, esta columna está dedicada a otra línea de pensamiento, es decir a tratar de describir como se establecen paternidades responsables en la medida de lo posible, y sus positivas implicaciones en los distintos ámbitos de la sociedad.
   
    Guatemala posee varias limitantes de carácter estructural que afectan directamente a la población, las que van desde los niveles de educación, pasando por las culturales, hasta llegar a las de carácter económico. Es por lo anterior, que se hace muy difícil compararnos con países en donde su desarrollo y éxito se basa en los estilos de vida de las familias, mismos lugares en los que se practican otros niveles de responsabilidad.
   
    Al ubicarnos en el extremo opuesto a la realidad nacional, es necesario trasladarnos a la cultura asiática y para ello sería bueno citar el caso específico de Corea del Sur. Este país ha tenido un despegue impresionante –tanto en el ámbito económico como el relacionado al desarrollo humano- desde los años cincuenta del siglo anterior a la fecha, pero es interesante reconocer el aporte que ha brindado la cultura de una paternidad responsable en el crecimiento de la que ahora es reconocida como una potencia a nivel mundial.
   
    El marco jurídico y el sistema de incentivos juegan un papel importante, puesto que, en este país asiático se le obliga a la persona aspirante a ser padre, a que demuestre tanto su capacidad psicológica como económica, de formar adecuadamente al nuevo ser humano que desea procrear. Esta capacidad debe ser manifestada mediante proyecciones de ingresos -los adecuados para brindar un mínimo de estudio universitario con una calidad de vida elevada- y antecedentes favorables en su conducta, todo esto es indispensable para que a los padres se les autorice tener una familia compuesta por dos hijos o más.
   
    Este caso suena muy extremo, y sería exigir mucho en nuestro contexto, máxime cuando sabemos que en nuestra realidad la mayoría de padres están por debajo de los 25 años, tienen por lo regular sólo nivel primario de educación y sus ingresos están cercanos al salario mínimo. Esto para los que tienen la decencia de enfrentar la responsabilidad de sacar a su familia avante, dado que, es de conocimiento público que cada vez aumenta el número de denuncias asociadas a la paternidad irresponsable.
   
    En fin, esto no se trata de criticar a los malos padres, tampoco dar a entender que la responsabilidad de ellos se basa en la cantidad de dinero que aportan a la formación de un hijo, sino más bien admitir que existen muchos que satisfacen las “exigencias coreanas”, y que es por ellos que en Guatemala existe una esperanza de cambio, gracias a su labor en la formación de ciudadanos con mejores aptitudes.