Creemos que las encuestas reflejan, de alguna manera, el comportamiento del elector y aunque es posible y hasta probable que los márgenes de error sean utilizados para bajar a algunos y subir a otros de manera deliberada, es obvio que estamos frente a un panorama en el que abundan los candidatos y partidos que no tienen peso suficiente para contar ya no sólo en la primera vuelta, sino para tener incidencia en la segunda y negociar, como hubieran querido, los apoyos a quienes terminen en los dos primeros lugares.
De hecho, la carencia más visible en el país está en las estructuras de los partidos de la llamada izquierda que no han logrado fortalecerse pese a la existencia de una realidad social que en cualquier otro país permitiría por lo menos una expresión orgánica de izquierda con un caudal representativo. Por razones que habrá que investigar desde el punto de vista sociológico, Guatemala es un país muy peculiar porque en términos generales no tiene estructuras partidarias que mantengan la abierta y clara reivindicación de los tradicionales reclamos en el área social.
Pero también es de notar que sufrimos del problema del micropartidismo y por ello es que de las candidaturas actuales hay demasiadas que no tienen peso específico porque ni los candidatos reúnen calidades ni sus partidos tienen la estructura orgánica para tener presencia en todo el país. Muchos de esos candidatos que se invisibilizan por su misma debilidad, reflejada de una u otra manera en todas las encuestas, mantienen la leve esperanza de disponer de fuerza suficiente para negociar de cara a la segunda vuelta y así aspirar a algún cargo en el Ejecutivo, pero si se confirman las predicciones, la mayoría no podrá ofrecer ningún caudal significativo como para aspirar a algo más que alguna pobre Dirección General.
Otra de las motivaciones de los candidatos que hoy se vislumbran sin futuro es la siembra para el futuro, pero vuelta otra vez a que si los resultados son tan paupérrimos como se vislumbra, puede ser que termine siendo algo inútil y una inversión sin sentido. Hay hoy dos candidatos, al menos, que ya participaron en el pasado y que no logran levantar vuelo. Se trata de los señores Conde y Suger y ello no obstante que el último de los nombrados se reconoce como uno de los más preparados y talentosos de la contienda, pero sin la proyección necesaria pese a que su Universidad tiene presencia en casi todo el país.
Este proceso nos viene a ratificar que es urgente trabajar en la estructuración de un real sistema de partidos políticos en el país si queremos que la democracia avance. Hoy en día los electores tienen que votar por emociones más que convicciones porque no hay mucho alrededor de lo cual uno se pueda realmente convencer.