El partido del presidente de Georgia, el pro occidental Mijail Saakashvili, ganó las elecciones legislativas de ayer, cuyo desarrollo se vio sin embargo empañado por «varios problemas», según afirmaron algunos observadores internacionales hoy.
Según la Comisión Electoral Central, el oficialista Movimiento Nacional Unido obtuvo el 61% de los votos una vez escrutados los sufragios en cerca de la mitad de los colegios electorales, mientras que el Consejo de la Oposición Unida, que agrupa a nueve partidos, llegaba muy por detrás, con el 13,27%.
«Los actores políticos en Georgia se esforzaron en organizar elecciones parlamentarias de acuerdo con las normas internacionales, pero varios problemas fueron identificados», indicó sin embargo la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en un comunicado.
Según la OSCE, que desplegó 550 observadores en el país, «los partidos pudieron hacer campaña activamente pero hubo numerosos informes de intimidaciones que en algunos casos se pudieron confirmar».
En un comunicado la OSCE denunció igualmente «presiones» sobre los observadores y «fallas importantes» durante el conteo de votos.
«La primera evaluación de las elecciones es positiva aunque tenemos que esperar los informes de los observadores», indicó por su parte el canciller de Eslovenia, Dimitri Rupel, cuyo país ostenta la presidencia semestral de la Unión Europea.
«Los colegas que siguieron las elecciones parecen no tener dudas de que el partido de Saakashvili ganó», agregó.
Ayer mismo la oposición había cuestionado los resultados de un sondeo a pie de urna, que daba el 63% de los votos al partido del Presidente, afirmando que las elecciones habían sido «amañadas», y por la noche juntó a un millar de manifestantes en Tiflis para protestar.
«La oposición ganó las elecciones. Estas elecciones no tienen nada que ver con la libertad y la equidad», declaró David Gamkrelidzé, líder del Partido de los Nuevos Derechos, que es parte del Consejo de la Oposición.
Las elecciones «fueron libres y equitativas y espero que los observadores internacionales lo reconozcan», había afirmado por su parte el presidente Saakachvili.
«Pero lo más impactante fue la victoria aplastante del partido en el poder», agregó, pronosticando que su partido obtendría una mayoría de dos tercios de los diputados que le permitiría modificar la Constitución.
Los georgianos acudieron a las urnas en medio de una creciente tensión entre su país y Rusia por el diferendo acerca de las repúblicas separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, que llevó incluso al presidente a mencionar un peligro de «guerra» entre ambos países.
Georgia afirma que Rusia pretende anexarlas, mientras que Moscú acusa a Tiflis de intentar recobrarlas por la fuerza.
Ayer, las autoridades georgianas acusaron a los rebeldes de Abjasia de haber disparado contra los electores que trataban de alcanzar el territorio controlado por Tiflis.
Según el ministerio de Interior, cuatro personas resultaron heridas, una de ellas de gravedad, por disparos de «lanzagranadas y de un fusil automático».
El «presidente» abjasio autoproclamado, Serguei Bagapch, de visita en Moscú, desmintió la información.
Presentada por el presidente estadounidense George W. Bush como uno de los faros de las democracias de la era posterior a la Unión Soviética, Georgia, con 4,7 millones de habitantes, recibió un fuerte apoyo de Occidente después de la llegada al poder de Saakashvili tras la «Revolución de las rosas» de 2004.