Hace 42 años las mujeres guatemaltecas obtuvieron el reconocimiento a sus derechos políticos. A pesar de los avances -que son fruto de una lucha permanente de las organizaciones de mujeres- nuestro país sigue siendo el que registra el menor porcentaje de participación femenina en la gestión del poder de Centroamérica. En las últimas elecciones, sólo fueron electas 19 diputadas de 158, tres alcaldesas en 332 municipios y únicamente hubo dos mujeres integrando los binomios presidenciales. Estas cifras se hacen más graves cuando se considera que las mujeres son la mayoría de la población guatemalteca (51.5%); lo que equivale a decir, que se transforma en un problema de discriminación y de calidad democrática.
visionelectoral@akatin.com

Visión Electoral entrevistó a tres mujeres que desempeñaron importantes cargos políticos y que muestran de alguna manera «la excepción que confirma la regla». La abogada Catalina Soberanis, primera Presidenta del Congreso de la República, diputada a la Asamblea Nacional Constituyente de 1985, parlamentaria durante dos períodos legislativos, Ministra de Trabajo durante el gobierno de Vinicio Cerezo y Secretaria de la Paz durante la administración de Alfonso Portillo. La doctora Lily Caravantes, primera Secretaria Presidencial de la Mujer, que ha impulsado el tema de género desde varias organizaciones nacionales e internacionales; y la ingeniera María del Carmen Aceña, Ministra de Educación durante el gobierno de í“scar Berger. Las tres expresaron su visión sobre la participación política de las mujeres, en el marco de lo que analistas califican como «una cultura patriarcal y machista que se refleja en los partidos políticos».
Ganando espacios
Catalina Soberanis definió así su experiencia como primera mujer en ocupar la Presidencia del Congreso: «Fue como un hito histórico para las mujeres. De alguna manera me tocó a mí dar el primer paso, ya que fue la primera vez que una mujer presidió un organismo del Estado. Fue un paso muy importante, yo lo he comentado alguna vez que me recordé de la expresión de Neil Armstrong, cuando puso un pie sobre la Luna, que dijo «es un pequeño paso para un hombre, pero un gran paso para la humanidad».
«Ese primer paso que yo di significó la ruptura de un tabú -agregó Soberanis- en el sentido que no se consideraba que una mujer podía desempeñar un cargo de tal responsabilidad. Ese argumento se habría esgrimido».
La lucha de las organizaciones de mujeres también ha permitido logros en el terreno institucional. La creación de la Secretaría Presidencial de la Mujer durante el gobierno de Alfonso Portillo, como ente encargado de velar por el cumplimiento de la equidad de género en las políticas impulsadas por el Ejecutivo, es uno de ellos.
La doctora Lily Caravantes, la primera responsable de dicha secretaría, explicó la importancia de este logro institucional: «Tuvo varios significados, fue un avance institucional muy importante y largamente reclamado. Me tocó crear una institución y hacer que tuviera un posicionamiento político dentro de un Gobierno de un partido político al cual yo no pertenecía, porque yo fui propuesta por el Movimiento de Mujeres».
María del Carmen Aceña, que se desempeñó como Ministra de Educación en los últimos cuatro años, señaló su visión de cómo una mujer puede alcanzar puestos de decisión política y expresó su desacuerdo con la apuesta de «crear cuotas» para ocupar los cargos públicos. «Considero que lo más importante para que una mujer sea tomada en cuenta es que sea profesional -dijo Aceña- porque estos cargos no se deben dar por cuotas o por etnias, sino simplemente por capacidad. Considero que las mujeres que tienen grandes sueños deben fortalecerse por medio de los estudios, por medio del crecimiento personal. Son cualidades que nosotros queremos forjar en los niños, las niñas y los jóvenes, que se basan en cuatro elementos: tener bien claro lo que se quiere en la vida porque todos tenemos una misión y el éxito está en encontrarla; tener un plan para hacer posible la misión; ser ético porque no se puede alcanzar un sueño a costa de otro; y por último, hacerlo con alegría y entusiasmo».
Visiones diferentes
Catalina Soberanis, sostuvo que hay características de las mujeres que le son distintivas y que pueden hacer un ejercicio del poder diferente al de los hombres: «Una cosa que considero ventaja de los patrones socioculturales de los cuales somos formadas las mujeres, es que desde muy temprana edad se nos educa para la responsabilidad. Primero nos ponen a cuidar a los hermanitos y luego a apoyar en las tareas del hogar. En ese sentido, hace diferencia una mujer en relación con la costumbre de tener responsabilidades, afrontarlas y asumirlas. El otro tema en que las mujeres podemos hacer diferencia es que estamos acostumbradas a administrar recursos escasos. También se nos prepara para eso porque en el hogar nunca los recursos son suficientes» acotó.
Lily Caravantes, afirmó que la diferencia de acción pública entre los hombres y las mujeres, además de estar determinada por los aspectos biológicos, también está influenciada por la opresión y exclusión de la que son víctimas: «Entender la desigualdad de las mujeres, profundamente significa, poder tener una identidad con la cotidianidad de las mujeres, que es de donde surgen todos los planteamientos que el movimiento feminista ha presentado desde hace varios siglos para posicionar los derechos de las mujeres. Creo que eso es una cosa fundamental. Ningún hombre, aunque sean muy solidarios con las mujeres, tiene toda la condición, vivencia y comprensión de las situaciones de opresión».
Por su parte, la ex ministra de Educación, María del Carmen Aceña, señaló que no existen diferencias entre el trabajo desempeñado por un hombre o una mujer: «Definitivamente somos distintos pero la esencia es la misma. Todos somos seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, y los seres humanos somos en su mayoría, seres emocionales. Lo que sucede es que a los hombres les impiden expresar sus emociones. Yo le diría que no creo que haya diferencia, porque hemos hecho nuestro trabajo de manera profesional y con metas claras».