La situación de cientos de personas que viven en chozas improvisadas en los parques de la periferia de París sobrecoge a Francia, cuyo gobierno ha anunciado medidas para los sin techo, poco convincentes para las asociaciones caritativas.
La prensa francesa se hacía eco del drama ayer, el mismo día en que moría el quinto indigente en menos de un mes.
«Esos sin techo que viven en el bosque», titulaba ayer el diario popular Le Quotidien, mientras Liberation (centro-izquierda) publicaba un reportaje sobre el «Mundo oculto de los sin techo» del Bosque de Vincennes, a las afueras de la capital, y L»Humanité denunciaba «esos muertos de más».
Un indigente de 51 años fue encontrado sin vida en la noche del miércoles en la camioneta en la que residía en Gennevillier, municipio al oeste de París.
Se trata de la quinta persona muerta en la calle desde hace un mes en la región parisina, con la llegada de los primeros fríos del otoño boreal.
Tres de los fallecidos vivían en chozas improvisadas con tablas de madera, cartones y plásticos, entre los árboles del Bosque de Vincennes, al este de la capital francesa y uno de los parques tradicionales de paseo dominical de los parisinos.
Según Didier Cusserne, dirigente de la asociación Emmaus, que se ocupa de la reinserción de personas en situación precaria, este año han muerto 265 personas «en la calle en Francia».
El miércoles el presidente francés Nicolas Sarkozy estimó en Consejo de Ministros que el gobierno tiene «el deber y la responsabilidad» de «no dejar morir» de frío a los sin techo, según su portavoz.
Este mismo día, la ministra de Vivienda, Christine Boutin, lanzó la idea de una ley para llevar por la fuerza a los indigentes hasta los albergues de emergencia, si la temperatura descendía por debajo de los 6 grados bajo cero.
Las asociaciones en favor de las personas en situación precaria rechazaron enérgicamente la idea y acusaron al gobierno de actuar sólo puntualmente y frente a la emoción suscitada por los dramas.
«Estamos furiosos», declaró el secretario general de la Fundación del Abate Pierre, Patrick Doutreligne. Tras calificar la idea de la ministra Boutin de «estúpida», estimó que «la sociedad tiene miedo de ser acusada de dejar morir de frío a los pobres».
De su lado, la asociación Derecho a la Vivienda (DAL por sus siglas en francés) denunció el principio de la fuerza para trasladar a las personas en situación de precariedad hasta alojamientos improvisados.
«Ya no son tiempos de tratar los problemas sociales mediante la represión. Si hay una obligación, es la de las instituciones, de acoger de manera decente a todos los sin techo, a las familias en condiciones precarias, y también la de proporcionar una vivienda a los que la solicitan», señaló el DAL.
Las asociaciones estiman que los indigentes se niegan a ir a los albergues de emergencia porque están deshumanizados y carecen de intimidad, además de ser una solución pasajera.
«Si resulta difícil comprender por qué la gente no quiere ir a los gimnasios (habilitados como locales de emergencia) vayan a ver el lugar y comprenderán», dijo Jean-Baptiste Legrand, de la asociación «Hijos de Don Quijote».
Esta asociación, que hace dos años instaló a decenas de personas sin techo en un improvisado campamento de carpas en pleno París, fue recientemente condenada por la justicia «por abandonar objetos en la vía pública».
En diciembre de 2006, el entonces candidato electoral Nicolas Sarkozy prometió solemnemente que «de aquí a dos años, nadie más se verá obligado a dormir en la calle y morir de frío», promesa que las asociaciones insisten en recordarle cuando está a punto de expirar el plazo.