Para variar, más de lo mismo


La mayorí­a de los medios de comunicación del paí­s, sus editorialistas, columnistas de opinión y analistas «independientes», están empeñados en magnificar lo que ha empezado a ocurrir en el paí­s a partir del 4 de noviembre. Para decirlo en buen chapí­n: el reculón, no tardarán en empezarlo a dar.

Ricardo Rosales Román

Por ahora, paso a referirme a las tres cuestiones que dejé planteadas en la columna de la semana pasada.

La «apertura democrática» institucionalizada en su momento por el poder oligárquico militar está en sus últimos estertores, lo cual no quiere decir que vaya a extinguirse por sí­ sola o que sus «ideólogos y defensores» de ahora no estén tratando de oxigenarla. Podrí­a quedarles un cierto margen de maniobra para ver si lo consiguen.

Lo anterior salta a la vista si se examina el escenario que se trató de crear entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre, y que no es otro que quienes detentan el poder real (y no los que les sirven), hayan tenido que echar mano de uno de los últimos recursos que les podrí­a estar quedando para seguir gobernando y que consiste en consentir que al frente del Gobierno pudiese estar alguien que se autodefiniera como socialdemócrata.

í‰sa es sólo una parte de la cuestión. Lo importante está en dilucidar a qué fuerzas y sectores conviene que las cosas se vean así­. Lo que hay detrás de esta maniobra urdida desde arriba es el interés de uno o más sectores del poder económico, polí­tico y castrense local, burócratas y tecnócratas que, en su conjunto o por separado, pugnan por mantenerse, retomar o acceder al gobierno y seguir sirviéndole a las transnacionales estadounidenses y europeas así­ como a la polí­tica ultraconservadora del presidente George W. Bush.

Lo que en realidad se va a instituir a partir del 14 de enero es el intento oligárquico militar, neoliberal y entreguista, de obligar a un reacomodo más, en las condiciones del momento, en las altas esferas del Gobierno. Sus verdaderas causas están en la ingobernabilidad y el cada vez más generalizado descontento e indignación social y popular. Ello no quiere decir que vaya a producirse un viraje y, menos, una ruptura en el estado actual de cosas. Para variar, es más de lo mismo, lo de siempre.

Lo más seguro es, entonces, que se esté en presencia de un continuismo, sin alternabilidad, con la apariencia de cambio para que todo siga igual o empeore y se concrete así­ uno de los últimos recursos polí­ticos e institucionales de las clases dominantes a fin de prolongar su ya caduco poder de dominación y explotación, subdesarrollo y atraso, exclusión y discriminación, inequidad e injusticia social, dependencia y falta de dignidad y decoro nacional.

Ir a desayunar a la residencia del embajador de la Casa Blanca en Guatemala y las reuniones a hurtadillas con el señor Aznar, son señales inequí­vocas del rumbo probable a seguir en lo internacional por el próximo gobernante.

A lo anterior hay que agregar que, por su estructura y composición, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) no es un agrupamiento socialdemócrata. En sus filas, es cierto, hay unos cuantos cuadros que se autodefinen como tales y de sus 63 mil adherentes, la mayorí­a, quizás, sólo firmó las hojas de afiliación y nada más.

Además, están los serranistas (seguidores del ex presidente Serrano Elí­as) que no pierden de vista la posibilidad de volver a ocupar un cargo público lo que igualmente se da con más de un ex panista, así­ como con dos o tres eferregistas que dejaron su condición de tales para asegurar su reelección como diputados al Congreso.

También hay renegados e izquierdistas marginales así­ como intelectuales que festejan y están felices con los resultados del 4, y militares de alta y en retiro que por su peso a la hora de las decisiones no permite hablar de la constitución de un gobierno realmente civil. Y, de ser cierto lo que se dice, entre quienes financiaron la campaña presidencial, de diputados y corporaciones municipales, puede haber dinero sucio proveniente de más de un capo del narcotráfico, de las mafias, el crimen organizado, el tráfico de influencias y el contrabando, así­ como de la corrupción y de los evasores de impuestos.

En conclusión, con esa conformación lo que se dará es el continuismo y la rebatiña por los cargos públicos, es sólo el preludio de una mayor ingobernabilidad o que se desemboque en una total anarquí­a institucional.

Como en lo cotidiano hay acontecimientos de especial significación, para Ana Marí­a y para mí­ este lunes ha sido un dí­a para rememorar y celebrarlo. Nuestro nieto, José Miguel, cumplió sus tres primeros años y sus papás, Espartaco y Lupita, lo agasajaron el domingo, allá por el Ajusco y, según lo que nos cuentan, no es difí­cil hacernos a la idea de que estuvimos con ellos para felicitarlo y abrazar con la calidez, ternura y alegrí­a de dos abuelos que quieren a sus nietos como a los retoños que, más temprano que tarde, vivirán el nuevo amanecer de nuestra Patria.