Con la rápida reacción a los devastadores incendios que azotaban California por quinto día consecutivo, el presidente estadounidense George W. Bush ha intentado reparar la imagen de su gobierno ante desastres naturales, manchada por la lenta repuesta ante el huracán Katrina en 2005.
Durante su estancia de cuatro horas en California para visitar las zonas arrasadas por el fuego, Bush se comprometió a ofrecer ayuda federal a los actuales esfuerzos contra los incendios y a las personas que han perdido sus casas y comercios a causa del fuego.
«No nos olividaremos de vosotros en Washington», afirmó Bush a las víctimas de los incendios después de inspeccionar desde un helicóptero y por tierra los daños en las zonas gravemente afectadas del sur de California.
Desde el domingo, cuando se declaró el primero de la docena de incendios registrados, las llamas, avivadas por viento en toda la región, han destruido más de 2.000 estructuras, en su mayoría viviendas, y han provocado la mayor evacuación en la historia de California, con más de medio millón de personas obligadas a abandonar sus hogares.
La mayoría de los incendios fue refrenado o declarado bajo control la noche del jueves gracias a que el viento dio un respiro a los bomberos, tras lo que los funcionarios anunciaron que una zona de alrededor de 1.700 kilómetros cuadrados desde el norte de Los Angeles a la frontera con México ha quedado totalmente abrasada. Se calcula que los daños materiales ascienden a al menos 1.500 millones de dólares.
Al mismo tiempo, el número de fallecidos ascendió el jueves a siete después de que patrullas fronterizas de Estados Unidos encontraran cuatro cadáveres de presuntos inmigrantes ilegales, que se considera que habrían muerto en un incendio registrado cerca de la frontera. Funcionarios reportaron que una pareja, que se opuso a la orden de evacuación, fue encontrada muerta dentro de su casa incendiada.
Mientras se encontraba en California, Bush se comprometió a ofrecer ayuda federal adicional para la lucha contra las llamas que siguen activas y prometió una inyección de capital para ayudar a las víctimas y a la reconstrucción de las comunidades. La nueva ayuda federal cubrirá vivienda temporal, limpieza y otras necesidades inmediatas, y se ofrecerán préstamos a residentes y comercios afectados por las llamas.
A principios de esta semana, Bush declaró el estado de emergencia en el sur de California y posteriormente lo consideró un desastre mayor, en respuesta a un empeoramiento de la situación, allanando el camino para que las agencias federales concedieran ayuda y asistencia a los esfuerzos contra incendios y a víctimas en la región.
Se considera que los incendios en California constituyen el primer desastre natural en Estados Unidos comparable al huracán Katrina, a pesar de que este último afectó a una zona geográfica muy vasta e impactó a un sector de la población relativamente pobre.
La administración Bush se esfuerza por evitar cometer el mismo error que hace dos años, cuando fue fuertemente criticada por su lenta respuesta ante el Katrina.
Bush rechazó el jueves las comparaciones entre las respuestas federales al Katrina y a los incendios de California.
«Ya habrá tiempo para que los historiadores comparen esta respuesta a esa respuesta», afirmó y añadió que la ayuda a las ciudadanos heridos es ahora una prioridad.
Sin embargo, Fran Townsend, consejera de seguridad del presidente y que acompañó a Bush en su visita, indicó a la prensa que la respuesta de la Casa Blanca a los incendios de California ha sido «mejor y más rápida» que la reacción al Katrina.
La consejera añadió que el aspecto más importante de la gira de Bush en California ha sido ofrecer consuelo a las víctimas de los incendios.
Los bomberos lograban progresos este viernes para controlar los incendios que han devastado el sur de California en los últimos días, matando al menos a nueve personas y dejando daños por al menos 1.000 millones de dólares.
«Esperamos cambiar la tendencia pronto», dijo Jose Alvarez, del Servicio de Emergencia del Condado de San Diego, en el extremo sur de California. «Pero algunos incendios todavía están fuera de control».
Los bomberos tuvieron un respiro este viernes, gracias a una tregua en los fuertes vientos que han estimulado las llamas que han destruido al menos 1.400 viviendas, 182.500 hectáreas de vegatación y obligado a evacuar a medio millón de personas.
El presidente George W. Bush visitó el jueves la zona devastada, y se detuvo en un vecindario de San Diego destruido por las llamas, donde conversó con trabajadores de rescate y con el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.
El jueves se descubrieron «los cuerpos de tres hombres y una mujer carbonizados» en un sector calcinado en plena frontera entre Estados Unidos y México, confirmó a la AFP Gabriel Guerrero, portavoz de la Patrulla Fronteriza estadounidense de San Diego.
Hasta ahora son nueve muertos en total: tres muertos anunciados por el gobernador el miércoles, los cuerpos de una pareja descubiertos el jueves en la mañana por la policía de San Diego y las cuatro personas carbonizadas descubiertas por la Patrulla Fronteriza.
«Lo primero que quiero decirle a la gente del sur de California es que son muchos los que en nuestro país se han conmovido por el calvario de nuestros compatriotas que han perdido sus casas, sus pertenencias y particularmente con aquellos que perdieron la vida», afirmó Bush en San Diego.
De su lado, Schwarzenegger agradeció a Bush por haber declarado rápidamente el sur del Estado en «zona de desastre mayor».
Bush, cuyo mandato sigue marcado por no haber reaccionado a tiempo frente al huracán Katrina en 2005, intentó mostrar con su visita a California que aprendió la lección: «Los historiadores tendrán todo el tiempo necesario para comparar» la reacción ante el ciclón y en estos incendios, recalcó el presidente.
En la región de Los Angeles, los bomberos dominaron dos importantes focos en un 100 y 70% respectivamente y sus esfuerzos seguían concentrados en San Diego, donde al menos 500.000 personas fueron evacuadas por el siniestro que dejó más de 1.000 millones de dólares en daños materiales.
En esta zona fronteriza, media docena de incendios siguían activos y aunque miles de personas fueron autorizadas a regresar a sus casas, más de 20.000 viviendas continuaban amenazadas por el fuego.
Los incendios de mayor envergadura en la región de San Diego destruyeron casi 800 km2 y borraron del mapa barrios enteros, especialmente en Rancho Bernardo, donde sus habitantes constataron en llanto que sus casas eran cenizas.
Desde el domingo una tormenta de 18 incendios azotó montañas, colinas y cañones amenazando urbanizaciones de clase alta, como el balneario de Malibú, 30 km al oeste de Los Angeles, o residencias clase media-baja en San Diego.
Los bomberos -incluyendo 2.600 presidiarios entrenados para luchar contra los incendios- continuaban su batalla ayudados por docenas de camiones, aviones y helicópteros cisternas.
Las llamas dejaron hasta ahora 40 heridos, entre ellos seis indocumentados mexicanos que fueron hallados por los bomberos, uno de ellos en estado grave. Todos están hospitalizados en un centro médico estadounidense.
En el gran estadio de San Diego, el Qualcomm, convertido en un gran refugio, quedaban apenas 800 evacuados luego de que el lunes pernoctaron unas 20.000 personas: muchos abandonaron el lugar tras el anuncio de la policía de que revisaría las identificaciones y direcciones para verificar si realmente eran evacuados, según informes de medios locales.