¿Para qué tenemos autoridades?


Cuando usted y yo hablamos de autoridades, nos referimos a quienes por mandato popular o nombramiento se designan para regir o gobernar, ya fuera dictando leyes o bien haciendo todo lo posible porque se cumplan. Si no utilizáramos ese procedimiento, vivirí­amos en la anarquí­a, en el relajo o en lo que en buen chapí­n llamamos «hacer cada quien lo que mejor se le antoje». La falta de autoridad es la causa del desorden en que vivimos y no otra cosa, por más excusas y pretextos que empleen los llamados «voceros» de las instituciones que viven sacándose de la manga cuanto argumento encuentran en el camino para justificar los hechos que, no sólo causan enorme cantidad de problemas a la ciudadaní­a, sino ponen en peligro su integridad y subsistencia.

Francisco Cáceres Barrios

¿Cuántas veces usted estimado lector, de noche, ha tropezado con vehí­culos pesados, medianos o pequeños sin una luz en toda la parte trasera o al menos, un pedazo de cinta reflectante, para evitar que sus huesos no vayan a parar al cementerio? Seguramente que la respuesta no es otra que ¡miles de veces! Y…¿cómo es posible que nuestras autoridades permitan que cualquier hijo de vecino, sólo por ser dueño, chofer o ayudante de camioneta se sienta con el derecho de poner en el vidrio delantero de su chatarra (si es que lo conserva) un pedazo de papel amarillo indicando un precio distinto al autorizado? Y ¿qué me dice de los que porque son las cuatro de la tarde se ponen a cobrar (con o sin cartel indicativo) tres, cuatro o cinco quetzales por el pasaje?

De ahí­ la razón que nos parezca insoportable que SU MUNI difunda un anuncio en la televisión abierta diciendo que sus agentes de tránsito trabajan de dí­a y noche velando por nuestra seguridad. ¿Cuál seguridad, si a toda hora comprobamos que los verdes agentes brillan por su ausencia? Porque aquí­, en Guatemala, «los pilotos de buses evaden multas y conducen con licencias vencidas», reza el titular de la página 4 del Diario Oficial, llamado Diario de Centro América del 20 de junio, ¿insisto en preguntar entonces, para qué tenemos autoridades?

También, si tuviéramos libre el acceso a la información, cualquier ciudadano, no digamos los señores de la Asociación de Usuarios del Transporte Urbano y Extra Urbano, pudiéramos saber exactamente con cuántos policí­as de tránsito contamos en la ciudad capital, cuánto ganan, cuál es su horario y cuántas llamadas de atención, recomendaciones, remisiones, multas y cepos imponen a tantos transgresores de las leyes de tránsito que viven haciendo de las suyas, mientras ellos, cobradores de sueldos provenientes de nuestros impuestos, se mantienen platicando en las esquinas o tratando de sustituir a las máquinas llamadas semáforos, que para ese fin fueron construidas.

Lo anterior se repite a diario y por todas partes, así­ como aquel sigue diciendo ¿va a querer factura?; el otro pone los ojos al cielo para preguntar -¿es que no se va a dejar nada para las frí­as usté? o el otro pundonoroso diputado que pretende convencer a la opinión pública aduciendo «asuntos privados», para responder a la pregunta que le hace el reportero de prensa ¿jefe, de dónde sacó medio millón de quetzales que depositó en su cuenta?