La particularidad del inicio de la octava jornada del fútbol de la Primera División este sábado pasado entre los equipos de Aurora y deportivo San Benito en el estadio del Ejército fue la portación de cada conjunto de una pancarta con la leyenda, «No a la violencia en los estadios».
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Y es que según el Comité Ejecutivo de la Liga de la Primera División, a partir del pasado fin de semana, los veinte equipos que militan en el actual Torneo Clausura tendrán que portar de manera obligatoria en cada encuentro una pancarta con la ya citada leyenda.
La disposición obedece, al incidente que se vivió en el estadio José Luis Ibarra el pasado 21 de enero con el partido de la tercera fecha del Clausura entre el deportivo Nueva Concepción y Antigua GFC, que terminó con un empate, 3-3.
En esa oportunidad el presidente del equipo local insultó al panel arbitral y agredió al cuarto colegiado, a quien empujó y encerró en uno de los camerinos, con el argumento que lo protegía de una posible agresión de parte de un grupo de enardecidos aficionados.
Para Gustavo García, presidente de la Liga de Primera División, la temporada 2006 y 2007 ha sido una de las menos violentas, pero aún así, considera que el fútbol no merece ni una sola gota de sangre, por lo que el proyecto es para prevenir la suspensión de un Torneo, así como el daño a directivos, árbitros, entrenadores, jugadores y hasta los mismos aficionados.
«Al momento que cada equipo ingrese al terreno de juego, lo debe de hacer portando la manta y luego la tendrá que poner en un lugar visible, que en este caso puede ser la malla, donde sea visto por la fanaticada. Es obligatorio para todos los equipos». Se repartirán volantes a cada equipo para que el mensaje sea trasladado a sus seguidores», anotó el directivo del balompié.
«En el futuro, se examinará el reglamento disciplinario, para que sea más drástico con todos aquellos estadios que no cumplen con la seguridad apropiada hacia los presentes», sentenció García.
Inolvidable tragedia
El 16 de octubre de 1996 el estadio Mateo Flores se vistió de dolor y tragedia con la muerte de 83 personas y más de 200 heridos, víctimas de un grupo de aficionados que empujaron desde una de las puertas para ingresar a presenciar el juego eliminatorio entre las Selecciones de Costa Rica y Guatemala, lo que provocó la avalancha humana.