Para los dí­as de Navidad


Las fiestas navideñas pueden constituirse en la mejor fecha de demostración de amor hacia aquellas personas que, según nosotros, amamos y las consideramos especiales. Presento a los lectores un listado de ocasiones que la temporada ofrece en bandeja de plata y que, a mi juicio, no debemos desaprovechar para convencer (finalmente) a nuestros cercanos que también tenemos corazón.

Eduardo Blandón

1. Finjamos que estamos desesperados por compartir la cena de Navidad o Año Nuevo con nuestros suegros. Sin lugar a dudas, esta es una prueba colosal de amor hacia su esposa que sabe que usted detesta visitarlos. Diga constantemente que extraña el tamal con ellos, el ponche y el calor humano que se vive en esa noche frí­a de Diciembre. Pero dí­galo serio, con convicción y tratando de que brillen sus ojos. Nada podrí­a ser peor que lo tomen por hipócrita. Para el efecto, le recomiendo practicarlo muchas veces antes frente al espejo.

2. Invite a su esposa a salir de compras. Dí­gale que está loco por visitar los nuevos centros comerciales, que desea caminar y hacer ejercicios y que, aunque se avizora la crisis, tiene esperanza de que los economistas sólo estén exagerando la situación. Sugiérale que sea ella la que escoja los regalos y que intente ser generosa como nunca (ella sabe que aunque es una exageración la suya, el detalle le encanta). Esfuércese por no arrugar la cara al momento de la larga peregrinación por el lugar y, menos aún, a la hora de pagar.

3. Compre mucha pólvora para sus hijos. Vuélvase niño y, aunque puede odiar esos malditos cachinflines y las bombas que no lo dejan dormir en estas abominables fechas, disimule alegrí­a. El efecto será infalible, como todos conocen su aversión por el ruido, lo tomarán como un acto de conversión en pleno siglo XXI. Salga a la calle y aunque sienta morirse de frí­o, grite con cierta exageración cuando vea las luces.

4. Espere la medianoche para cenar y abrir regalos. Si cree no llegar a tanto como eso de disimular gozo por ver a sus suegros, esta sugerencia lo catapultará a la gloria. Nada le gusta tanto a la familia que ver a un cascarrabias desvelado y contento en abrir presentes. Para el efecto, aunque se esté durmiendo después de las diez de la noche, trate de ser conversador, narre sus hermosas navidades del pasado, sus propósitos de año nuevo, su ilusión por el paí­s, hable paja que a la gente le gusta ser sentimental para la ocasión. Si siente desfallecer de hambre, compre dulces, son efectivos para engañar el estómago y preservan también del mal humor.

5. Invite a misa o al culto a toda la familia. Esta es la más peligrosa de mis sugerencias. Si antes sospechaban cierta hipocresí­a en su actitud, lo de la misa podrí­a confirmar su falsedad. Trate de no evidenciarse. Disimule cierto interés por poner en paz su alma (no hable jamás del templo), recuerde su Primera Comunión, tome la foto de su boda y hable con nostalgia de ese dí­a, sugiera lo religioso a como sea y verá que su pareja misma propondrá el tema: «mi amor, ¿qué tal si vamos a la Misa de Gallo?». Usted quedará «en gallo», pero sepa de una vez que ella habla de la liturgia de Navidad. Dí­gale que aunque él no es muy religioso (finja, por favor, finja), no le parece mala la idea al menos en esta ocasión.

Estos dí­as son cruciales para hacer feliz a la familia. No deje pasar la oportunidad aunque sea a costas de negarse a sí­ mismo. Ya vendrán dí­as en que podrá hacer justicia por tanto sacrificio.