Para iniciar la semana con buen humor


Para iniciar la semana con un poco de buen humor y en vista de que, como me desvelé anoche, no tengo ánimos de escribir un texto medianamente analí­tico, les comparto tres anécdotas acerca del matrimonio.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Q- Marido y mujer acuden al psiquiatra después de 20 años de casados. Cuando el especialista les pregunta su problema, la esposa muestra una larga y detallada lista, que incluye poca atención de su esposo, no sentirse amada ni deseada, falta de intimidad.

Terminada la lectura, el terapeuta se levanta, se acerca a la mujer, le pide que se ponga de pie y, luego, la abraza y la besa apasionadamente, mientras el marido observa relativamente asombrado. La esposa, por su parte, se queda medio aturdida y en ese momento el psiquiatra se dirige al esposo para decirle: -Esto es lo que su mujer necesita al menos tres veces por semana ¿Puede hacerlo?

El marido lo medita un instante y responde: «Bueno, la puedo traer los lunes y los miércoles, pero los viernes tengo partido de futbol».

Q- Ana: -¿Qué harí­as si me muriera? Gil: -Te guardarí­a luto. Ana: -¿Durante mucho tiempo? Gil: -Sí­, mucho tiempo. Ana: -¿Por qué? Gil: -Porque te quiero y tu pérdida serí­a dolorosa. Ana: -¡Vaya! ¿Volverí­as a casarte con otra? Gil: -No. Ana: -¿Por qué no? ¿No te gusta estar casado? Gil: -Sí­ que me gusta.

Ana: -Entonces ¿sí­ te volverí­as a casar? Gil: -Creo que después de haberte guardado luto durante tiempo suficiente y que me vida volviese a tener sentido, creo que sí­. Ana: – ¿También dormirí­as con ella en nuestra cama? Gil: -Es de suponer ¿no? Ana: -¿Reemplazarí­as mi fotografí­a por la de ella en la mesita de noche? Gil: -Pondrí­a las dos fotos

Ana: -¿También tendrí­as sexo con ella? Gil: -Supongo que llegarí­amos a eso. Ana: -¿Jugarí­as al boliche con ella? Gil: -Sí­, sí­ lo harí­a. Ana: -¿Le darí­as mi bola de boliche? Gil: -No; es zurda. Ana: -¡¿Cómo?! Gil: -¡Carajo!…

Q- Un pobre hombre está acostado en su cama, en un pueblo de San Marcos, en el último estado de una enfermedad terminal. Le quedan pocas horas de vida. De repente huele el aroma de tamales de carne recién cocinados. Para él no habí­a nada mejor en el mundo que los tamales de su mujer.

Hace un esfuerzo sobrehumano, baja de la cama y dirigiéndose al comedor empieza a percibir el vapor el aroma que emana desde la cocina a masa de maí­z, carne de coche y de pollo. Llega hasta la mesa donde se encuentran extendidos los suculentos tamales y toma uno. Sus esfuerzos han valido la pena. Es como que si se cumpliera su último deseo, cuando repentinamente siente un fuerte golpe en la cabeza que casi lo hace caer sobre el piso de tierra

Logra recuperarse y evita desplomarse al suelo, voltea a ver y descubre a su mujer con un grueso cucharón de madera en la mano, diciéndole: -¡Ni se te ocurra, baboso! ¡Son pa´tu velorio!