Para salir de la rutina e iniciar la semana con buen humor, les comparto tres historietas referidas a profesionales universitarios, que podrían ayudarlo a sonreír.
eduardo@villatoro.com
Q- El nuevo subgerente administrativo, sobrino del propietario del establecimiento, se encuentra con un paquete de hojas frete a la triturada de papeles. Se le nota desconcertado.
 Â
Un viejo empleado, al observar el comportamiento de su novato jefe, amablemente le dice: -¿Le puedo ayudar en algo, Lic.? El jovencito esboza una sonrisa: -Se lo agradeceré mucho; creo que me queda grande la tecnología. El subordinado, muy diligente, toma el paquete de papeles, los coloca en la ranura y se oye el sonido cuando se hacen trizas.
  -Ya vio cómo es de fácil -le dice a su nuevo jefe, quien extrañado pregunta: –Pero, ¿dónde salen las copias?
Q- Sentado en su nueva oficina, el recién graduado abogado espera a su primer cliente. Al escuchar que se abre la puerta, levanta el teléfono, para demostrar que se encuentra muy ocupado.
  El visitante escucha al novato leguleyo decir: -Muy bien, estimado colega, mañana volaré a México para discutir con usted personalmente este asunto que nos interesa. Le dejaré instrucciones a mi secretaria, que ahora está haciendo unas diligencias en un tribunal, para que tome nota de los casos que tengo en cartera… Le ruego que me disculpe, por favor, pero alguien acaba de llegar.
  Dirigiéndose al hombre que entró, el abogado le pregunta: -¿En qué puedo servirle? Con una amplia sonrisa el sujeto contesta: -Soy operario de Telgua y sólo vine a instalar su teléfono.
Q- Dos leones huyeron del zoológico y cada quien partió con rumbo diferente. Uno se fue para la selva y el otro para el centro de la ciudad. Los buscaron por todos lados, pero no los encontraron. Después de un mes y para asombro de todos volvió el león que había huido a la selva. Flaco, famélico y afiebrado.
  Transcurrieron cinco meses hasta que fue recapturado el otro león. Estaba gordo, desbordante de salud. Al ponerlos juntos, el felino que estuvo en la selva le pregunta: -¿Cómo estuviste en la ciudad tanto tiempo y regresás tan bien de salud? Yo no encontré nada que comer en la selva.
  El otro león le explica: -Me arme de coraje y fui a esconderme a una institución pública. Cada semana me comía a un funcionario y nadie notaba mi presencia. -¿Por qué regresaste? ¿Se acabaron los funcionarios? Pregunta su compañero de jaula. -Nada de eso -responde-, los funcionarios públicos nunca se acaban; pero cometí un grave error. Ya me había comido al director general, a dos de sus asistentes, tres coordinadores y siete asesores y otros más, sin que nadie lo advirtiera; pero el día que me comí a la señora que sirve el café? ¡se jodió todo!