Hoy son las lluvias. Antes, este mismo año, lluvias y arena volcánica. Años atrás lo fueron las sacudidas sísmicas. Con todos estos fenómenos recurrentes, han venido, vienen y vinieron los ríos desbordados, los aludes, cerros desmoronados, carreteras interrumpidas, puentes colapsados. íreas anegadas, comunidades desaparecidas. Pérdidas en la agricultura, en la ganadería. Comercio impedido. Aumento de precios. Escaseces de alimentos. Desempleo creciente. Y se agregan criminalidad creciente (de la llamada «común»), en adición a las estructuras delincuenciales con pretensiones de control territorial, poblacional y regulatorio. El cuadro es en efecto, un reto de orden nacional. ¿Qué hacemos, qué hacer en tanto?
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A la vulnerabilidad derivada de nuestra posición geográfica, (estar en el extremo sur del istmo de Tehuantepec, caracterizado por su latente cinturón volcánico, por su constante actividad en cuanto a fenómenos climáticos, precisamente por su localización en medio de dos océanos y con una latitud en la que las grandes corrientes de los vientos planetarios desembocan su energía), para nuestro infortunio, también lo es la reiterada improvisación política ocasionada por una oligarquía o poder económico que no ha querido entender su papel histórico en el desarrollo de estas consecuencias.
El suelo volcánico, costa y boca costa con grandes afluentes de agua, por decenas de años han sido la bendición para una explotación inmisericorde de las plantaciones que se han desenvuelto en dichas regiones. Antes el cultivo de banano, luego lo fue el algodón, después la caña de azúcar, cultivo que ahora es tan competitivo a nivel mundial empieza a convivir con la palma africana. También la vasta región ha producido otros cultivos, como el cardamomo y el café, que solo la crisis de precios mundiales nos permitió fomentar el consumo local. En todas estas agro-producciones, a regañadientes también convivió el maíz, el frijol, el arroz y el ganado. La motivación, el afán, ha sido el legítimo deseo de hacer fortuna. El método generalmente empleado fue la manutención a punta de represiones de toda índole de una mano de obra abaratada por su baja escolaridad, su acentuada desnutrición y su total marginación al ejercicio de sus derechos (humanos) como personas en toda su dignidad.
Ese es el amplio cuadro que describe en gran medida el origen de la situación actual. Por más que los portavoces del individualismo egoísta pregonen otras consideraciones para ocultar la historia y desvirtuar los hechos, con diferentes medios y distintos métodos. La realidad desnuda el tendencioso empleo de los recursos naturales, la explotación desmedida y el desprecio por las mayorías asalariadas. La productividad nacional se ha caracterizado por una desmedida explotación contra los agricultores y obreros (según el caso); por una manipulación del Estado en la búsqueda de su propio beneficio (exenciones, exoneraciones y otra serie de dádivas provenientes del erario -hay varios ejemplos de ello-) y finalmente el descrédito por el quehacer de lo público, sobre todo cuando de redistribución de la riqueza se trata. Continuará.
Reflexión adicional. En mi columna anterior escribí: Es posible que… la presión del Grupo de los 4 en la temática de seguridad, así como la derivada de la toma de las instalaciones del campus universitario, puedan ser cada uno en su ámbito, puntos de partida para encarar el desafío de recuperar la institucionalidad… Fin de la cita. En el primer caso, la actitud del G-4, de observatorio social permanente hace factible la concreción de otras modalidades de desarrollo institucional, en esta sensible como delicada temática. En el caso de la actitud de los «Estudiantes por la Autonomía», la situación ha sido de fracaso en fracaso. Lo que alcancé a vislumbrar en ese momento como una oportunidad, hoy es más que evidente (por lo precario de su argumentación y festinada actitud) que no necesariamente la motivación que dice impulsarles sea legítima búsqueda de la consolidación de la autonomía. Sabiduría a las autoridades universitarias en la necesaria búsqueda para implementar una pronta e inmediata solución; que se preserven todas las garantías al emprender la recuperación de ese espacio académico.