Para que nuestra economía pueda crecer en forma sostenida tienen que darse, por lo menos, tres condiciones básicas: a) disciplina fiscal, b) disciplina monetaria y c) calidad institucional.
Diputado Unionista
Tener disciplina fiscal no implica mantener equilibradas las cuentas del sector público, sino también establecer un nivel de gasto público que no ahogue a la sociedad con impuestos, al tiempo que el gasto tiene que tener el mayor grado de eficiencia posible. Aumentar el gasto sin que esto se traduzca en mejor educación, salud, justicia o seguridad, es un gasto ineficiente. Sí, además, ese gasto ineficiente requiere de mayor tributación o más endeudamiento público, el equilibrio fiscal es insostenible en el mediano plazo.
La disciplina monetaria es fundamental, porque un país con inflación elevada, superior a un dígito, carece de una moneda que permita generar ahorros y tampoco puede otorgar préstamos a largo plazo dado que dentro de la tasa de interés hay que cargar las expectativas inflacionarias, haciendo impagables las tasas para los tomadores de crédito, al tiempo que distorsiona los precios relativos.
La calidad institucional se refiere a las normas, leyes, códigos e instituciones que regulan las relaciones entre los particulares y de estos con el Estado. Sin reglas previsibles no se realizan inversiones porque no pueden hacerse proyectos de inversión dado que es imposible estimar ventas, exportaciones, carga tributaria, costos laborales y, en consecuencia, estimar una tasa de rentabilidad. Ni que hablar cuando el país carece de un sólido respeto por los derechos de los ciudadanos en general y de propiedad en particular, porque en ese caso quien afinca una inversión en el país no sabe si el Estado va a apropiarse de los flujos o de los stocks que genere la inversión.
¿Cumple Guatemala con estos tres requisitos mínimos?
En materia fiscal, el gasto público ha aumentado de manera desordenada sin que se observe como contrapartida más seguridad, justicia, educación o salud. Por el contrario, los aumentos de gasto público tienen que ver con proyectos sociales asistencialistas que reflejan el escaso éxito que ha tenido la política económica para combatir la pobreza, la indigencia y la desocupación. Si el Gobierno continúa con más proyectos sociales asistencialistas, es porque ha descuidado la economía, dejando a las personas a la deriva, sin permitirles que consigan trabajo bien remunerado. Los proyectos sociales asistencialistas no pueden definirse como un éxito, en la medida que la mejor política social es aquella que le permite a la gente progresar gracias a su trabajo.
En cuanto a la disciplina monetaria, el país la mantiene, pero con grandes riesgos enfrente. Acá lo que corresponde es defender, dentro del marco constitucional y legal vigente, la autonomía relativa de la Banca central. Este llamado es particularmente importante, ahora que se discute sobre el nombramiento de las nuevas autoridades del Banco de Guatemala.
Tampoco se puede decir que hay buena calidad institucional y mucho menos respeto a los derechos de las personas. Las instituciones se han malogrado, y salvo pocas excepciones, no cumplen sus funciones al servicio de la ciudadanía. Y acá no sólo me refiero a las instituciones del Estado, las instituciones sociales, como la familia, las iglesias, los colegios profesionales, la prensa y tantas otras de nuestro entramado social, sufren un marcado deterioro.
Si combinamos la ausencia de disciplina fiscal y previsibilidad en las reglas de juego que rigen, con las condiciones internacionales, se puede afirmar que la economía crece a pesar de la situación y no gracias a las políticas del Gobierno.
Concluyo no sólo con un llamado a recuperar la disciplina fiscal, mantener la disciplina monetaria y mejorar la calidad de las instituciones, sino con una solicitación porque se apruebe un Presupuesto de Ingreso y Egresos del Estado para el año fiscal 2011, sería una absoluta irresponsabilidad con el país, si el Congreso no lo aprueba por segundo año consecutivo.