Ayer el presidente se mostró confiado de que los programas sociales que impulsa su gobierno son inamovibles porque, según sus palabras, si algún gobierno en el futuro se anima a suprimirlos tendría que enfrentar una masiva protesta popular de todos los beneficiarios, lo que se puede entender como una especie de revuelta para impedir que se elimine la atención a los grupos de mayor vulnerabilidad económica.
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Soy de los que creen que las condiciones de Guatemala obligan a mantener los programas sociales, pero no comparto el optimismo del presidente respecto a esa garantía de continuidad porque veo que el principal riesgo que corren, y lo he dicho varias veces, es la falta de transparencia y esa persistente negativa a detallar a los beneficiarios, única vía para evitar que se desvíen fondos hacia personas particulares, sobre todo cuando se ve que en el entorno existen pruebas de una voracidad tan grande que inclusive puede ser el Talón de Aquiles de la misma aspiración presidencial de la esposa del presidente, no digamos de Cohesión Social.
Hay que ser claros en decir que hay dos razones de peso para entender el riesgo que corren los programas sociales. Por un lado está la puramente emotiva y visceral que tiene que ver con la antipatía que hay en algunos sectores para la figura de la señora Torres de Colom quien los dirige sin rendirle cuentas a nadie. Por el otro lado está la oposición de tipo ideológico que tiene fundamento en la creencia de que el Estado no tiene nada que hacer en el combate a la pobreza y que esas ayudas que se ofrecen a las familias más pobres no resuelven problemas sino que alientan la haraganería, como piensan muchos de los que se han formado en las corrientes neoliberales, para quienes la mención misma del concepto social es una afrenta inaceptable. Y no se puede negar el nivel de influencia que esas corrientes tienen en la sociedad y especialmente en los medios de comunicación que son adecuada caja de resonancia para la exposición dogmática de los conceptos contrarios a la solidaridad.
Entendiendo el peso de tales oposiciones uno tiene que comprender que con todo y la cantidad de beneficios que puedan generar los programas, es fundamental eliminar el principal factor de ataque que en ambos casos se cifra en el tema de la transparencia, pero resulta que la esposa del presidente entiende que cada vez que se cuestiona la honestidad en el manejo de los fondos se le está agrediendo y se cierra más en la negativa a proporcionar información. Es evidente que la señora Torres de Colom es más dada a la confrontación abierta que su esposo, quien confronta bajo la mesa, y cuando la critican en vez de evaluar el contenido de la crítica para sacar conclusiones positivas, se pone a la defensiva de forma tal que incrementa los niveles de confrontación.
Como yo veo el asunto es que si los programas sociales fracasan será únicamente por la falta de transparencia y por ello he insistido tanto en que debe proporcionarse toda la información, detallada y precisa, para asegurar que los beneficiarios puedan no sólo ser identificados sino que además se mantenga la inversión social en el combate a la pobreza.