Vuelve a ser el Congreso de la República protagonista en la vida política de nuestro país, lo que le ha merecido ocupar los titulares de los diarios y periódicos nacionales. Preponderantemente los temas que tienen mayor atención en estas últimas semanas, son la elección a los cargos de Magistrados de Sala de la Corte de Apelaciones y Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, así como la aprobación del Paquete Fiscal.
La crisis económica continúa y continuará por un tiempo incierto y difícil de prever; -ni siquiera los mismos economistas son contestes en sus opiniones- precisamente contrastan estos momentos álgidos de crisis con la aprobación del paquete fiscal que se discute y pretende aprobar la bancada oficial en el Congreso a toda costa. Ante la caída de las exportaciones y las remesas, y la disminución del poder adquisitivo que se traduce en consumir menos para ahorrar más, era de esperarse la disminución de la recaudación fiscal y por ende un déficit en el presupuesto nacional para este año.
Ante el riesgo del Ejecutivo de no poder obtener suficientes fondos que seguramente serán destinados a programas como «Mi Familia Progresa», han encomendado la difícil misión de modificar impuestos y castigar a empresas privadas -como las que pertenecen al sector automotriz por citar un ejemplo- al diputado Taracena Diaz – Sol, quien a partir de su transfugismo a la Unidad Nacional de la Esperanza, es el encargado de realizar el «trabajo sucio», y de provocar -cuando así le conviene al partido oficial- horas y horas enfrascadas en circunloquios de discusiones en el hemiciclo parlamentario.
Es un hecho innegable que la llegada a la Casa Blanca del actual presidente de los Estados Unidos de América Barak Obama, ha dado cierta esperanza a las naciones de todo el mundo, ya que aunque sea levemente ha mejorado la economía estadounidense que repercute todos los países del mundo, y por supuesto Guatemala; pero a pesar de los buenos augurios, lejos estamos de alcanzar la bonanza de años anteriores.
Deja mucho que desear la actitud del Ejecutivo, que a sabiendas que existe una crisis económica mundial -agravada ahora por la epidemia de gripe porcina, que está a un paso de convertirse en pandemia- pretenda castigar a la empresa privada con más impuestos.
Es un axioma, que la mejor solución para la pobreza y para salir de la crisis es la creación de nuevos empleos, lo cual sólo se logra atrayendo nuevas inversiones al país, que fomenten la creación de nuevas empresas dispuestas a invertir en Guatemala, que se generen otros nuevos empleos, y por supuesto, se mantengan los que ya existen.
Cuándo van a entender que incrementar los impuestos o bien endeudar al país con la emisión de bonos no es el remedio sino la enfermedad.