Papa pide reconciliación de las religiones monoteí­stas


FOTO LA HORA: JACK GUEZ

El papa Benedicto XVI saluda desde el papamóvil a su llegada a la misa, en Getsemaní­, en las afueras de Jerusalén.» title=»FOTO LA HORA: JACK GUEZ

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<p>El papa Benedicto XVI clamó hoy por la superación de los rencores del pasado al visitar sitios sagrados judí­os, musulmanes y cristianos de Jerusalén, epicentro del conflicto arabo-israelí­, y reiteró su compromiso de obrar por la reconciliación de la Iglesia Católica con el judaí­smo.</p>
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JERUSALEN.- La prensa israelí­ consideraba hoy demasiado «frí­a» la condena del Holocausto nazi emitida por el Papa a su llegada ayer a Israel, tras meses de polémicas por la rehabilitación de un obispo integrista que niega la existencia de las cámaras de gas en las que murieron millones de judí­os.

El jefe de la Iglesia Católica tuvo que atender hoy otro frente, con los musulmanes, recelosos tras sus declaraciones de 2006 interpretadas como una identificación de la violencia con ese culto.

Desde la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada de las Mezquitas y tercer lugar sagrado del islam, Benedicto XVI reclamó la reconciliación y el diálogo interreligioso.

«Este lugar sagrado ofrece el estí­mulo a los hombres y mujeres de buena voluntad para comprometerse a superar las incomprensiones y los conflictos del pasado e iniciar el camino del diálogo sincero», afirmó.

«Pido humildemente al Todopoderoso que les traiga la paz y bendiga a las poblaciones amadas de esta región. Hagámoslo con espí­ritu armonioso y de cooperación», afirmó frente al muftí­ Mohamad Husein, la máxima autoridad palestina de Jerusalén.

Ante el Papa, que se descalzó para entrar a la mezquita cumpliendo la tradición, el jurisconsulto palestino solicitó «un mayor compromiso del Papa para poner fin a la agresión israelí­ contra los palestinos».

El religioso denunció la situación que padecen palestinos, tanto cristianos como musulmanes, a quienes se les impide llegar a los Lugares Santos para orar en la Explanada de las Mezquitas o ante el Santo Sepulcro de Jesús.

«Un derecho que Israel les niega», afirmó.

Las actividades papales se desarrollaron en medio de un imponente dispositivo de seguridad israelí­.

Las calles de la Ciudad Vieja, ocupada por Israel en 1967 y luego anexada al Estado hebreo, estaban desiertas debido a los controles.

En un automóvil blindado, el Papa se trasladó al Muro de las Lamentaciones, el sitio más sagrado del judaí­smo, donde cumplió la tradición de colocar un mensaje entre sus piedras.

En el mensaje, escrito en latí­n, el pontí­fice habla de su visita a Jerusalén, «La ciudad de la paz» y pide «al Dios de Abraham, de Isaac y Jacob que enví­e paz a Tierra Santa, a Medio Oriente».

El Papa permaneció algunos minutos de pie ante el Muro.

Poco después, frente a la Gran Sinagoga de Jerusalén, a pocos kilómetros, y a los mayores lí­deres religiosos de Israel, el pontí­fice se comprometió «irrevocablemente» a obrar por la reconciliación con los judí­os.

«La Iglesia Católica está irrevocablemente comprometida con el camino decidido por el Concilio Vaticano II por una auténtica y duradera reconciliación entre cristianos y judí­os», aseguró.

Frente a los dos gran rabinos, Yoma Metzer y Shlomo Amar, el Papa confirmó la declaración «Nostra Aetate», decidida al término del Concilio Vaticano II en 1964, en la que se anulaba la acusación de deicidas a los judí­os.

En los 45 años transcurridos desde que el Concilio Vaticano II repudiara el concepto de culpa judí­a colectiva por la muerte de Cristo, las relaciones católico-judí­as se han visto atormentadas por la actitud de la Iglesia ante el Holocausto nazi.

El Papa visitó luego el Coenaculum o Cenáculo, dentro del complejo de edificios localizados en la cima del Monte Sión, donde conmemoró la Ultima Cena de Cristo y defendió la presencia cristiana en Medio Oriente «como elemento vital» para la sociedad en toda la región.

En la tarde oficiará una misa en los jardines de Getsemaní­ a los pies del Monte de los Olivos, donde según el Nuevo Testamento Jesús oró asaltado por la angustia y la tristeza la noche anterior a su crucifixión.

La primera jornada del Papa en Israel concluyó la noche del lunes con un «incidente diplomático», según explicó el Vaticano.

El Papa tuvo que abandonar una reunión con autoridades judí­as, musulmanas y cristianas por las protestas del jeque Tayssir al Tamimi, lí­der de los tribunales islámicos palestinos.

Al Tamini reclamaba la proclamación de Jerusalén como «capital polí­tica, nacional y espiritual de Palestina», en tanto que Israel la considera como su «capital eterna».

REACCIí“N Decepción y polémica


El discurso sobre el Holocausto nazi pronunciado ayer por el papa Benedicto XVI en Jerusalén generó decepción y creó polémica este martes en Israel, donde se le reprochaba la «frialdad» y la «abstracción» de sus palabras.

El rabino Meir Lau, presidente del Memorial del Holocausto de Jerusalén, superviviente de los campos de exterminio, señaló que el Papa habló de judí­os «muertos», en lugar de «asesinados», y no especificó su número.

«Durante el Holocausto, seis millones de santos fueron asesinados», recalcó también el ministro israelí­ de Interior, Elie Yishai.

Sin embargo, nada más bajar del avión que lo llevó a Israel, Benedicto XVI condenó firmemente el antisemitismo y el negacionismo, calificándolos de «repugnantes».

«Que los nombres de esas ví­ctimas no mueran. Que sus sufrimientos nunca sean negados, olvidados o despreciados. Que toda persona de buena voluntad vigile para erradicar del corazón de los simples hombres todo aquello que pueda conducir a tragedias similares», dijo el Papa después frente al Memorial del Holacausto.

Entrevistado el martes por la radio pública israelí­, Avner Shalev, director del Memorial, habló del «fracaso» de un discurso «importante pero frí­o y abstracto».

Por su parte, el presidente del Parlamento, Reuven Rivlin, que también hablaba en la radio, afirmó: «no fui al Memorial para oí­r una descripción histórica del Papa sobre los hechos comprobados del Holocausto, sino con la esperanza de que pedirí­a perdón por nuestra tragedia, debida principalmente a los alemanes y a la Iglesia. Desgraciadamente, no hubo nada de eso».

Rivlin no estuvo presente en las otras ceremonia oficiales de Benedicto XVI en Israel, reconociendo su «malestar» en presencia de un ex miembro de las juventudes hitlerianas y del Ejército alemán del que desertó en 1944.

«Todo lo que esperábamos de usted era una pequeña frase fuerte y emotiva, pero no la dijo», escribió el diario Yediot Aharonot en un editorial dirigido al sumo pontí­fice.

Antes de viajar a Israel, Benedicto XVI habí­a alimentado la polémica multiplicando las torpezas polí­ticas o teológicas.

El Papa provocó indignación al levantar la excomunión al obispo negacionista británico Richard Williamson y al reanudar el proceso de beatificación del papa Pí­o XII, a los que los judí­os reprochan su silencio frente al genocidio nazi.

«Haga lo que haga, el Papa siempre será criticado (…) los que lo atacan aquí­ no entienden nada sobre la Iglesia y los cambios ocurridos en su seno», afirmó por el contrario a los periodistas el rabino David rosen, encargado del diálogo interreligioso en el gran rabinato de Israel.