El pontífice, que celebró el jueves sus 82 años y el domingo el quinto aniversario de su elección al Trono de Pedro, inicia un año complicado, durante el cual realizará un delicado viaje en mayo a Tierra Santa y tiene programado lanzar la tercera encíclica de su pontificado, dedicada a temas sociales.
El año 2009 ha estado marcado por una de las crisis más graves que a las que se tuvo que enfrentar un pontífice en la era moderna, lo que ha debilitado, según varios vaticanistas y religiosos, la figura del Papa alemán, conocido por sus capacidades como teólogo y su dureza dogmática.
El «perdón» o reintegración en enero del obispo británico del movimiento lefebvriano que niega el Holocausto y la controvertida condena del uso del preservativo para evitar la propagación del sida, durante su viaje en marzo a ífrica, continente devastado por la epidemia, generaron una amplia polémica y mucho desconcierto sobre todo entre los católicos.
«El Papa ha destrozado el dogma de la infalibilidad papal en sólo cuatro años», escribió recientemente el diario español El Periódico, resumiendo la colección de errores que ha cometido durante su pontificado.
Las explicaciones o justificaciones de la Santa Sede han desorientado aún más a los católicos y poco hicieron para calmar la inquietud dentro de la misma Iglesia, que por primera vez en muchos siglos, se autocrítica.
«No me siento solo», dijo el Papa el domingo desde la residencia veraniega de Castelgandolfo, a las afueras de Roma, donde festejó en la intimidad con su hermano Georg, su elección aquel 19 de abril de 2005, tan solo dos días después de iniciado el Cónclave convocado para elegir al sucesor del carismático Juan Pablo II.
La «soledad de Benedicto XVI», un Papa que resulta distante y hasta frío, ha sido analizada por teólogos, estudiosos y expertos. Unos estiman que Joseph Ratzinger no cuenta con buenos colaboradores, otros que le falta experiencia diplomática, que es demasiado tímido, que no consulta o que realmente responde a su línea conservadora.
Los frecuentes vaivenes del Papa crearon una «crisis subterránea» en la Iglesia Católica, sostiene el vaticanista del diario La Repubblica, Marco Politi, al analizar el semestre «negro» de Benedicto XVI.
A esos incidentes, hay que sumar el retiro de la designación como obispo del austríaco Gerhard Wagner tras las protestas de la jerarquía católica de ese país, un acto insólito e interpretado por algunos como síntoma de debilidad y por otros de benevolencia.
Ante la tormenta interna, hay quienes lo defienden, como Vittorio Messori, escritor italiano experto en asuntos religiosos.
«Está llevando a cabo una revolución tranquila con un estilo caracterizado por la prudencia», escribió este lunes en el diario Il Corriere della Sera.
«Ha sido prudente también en el nombramiento de su nomenclatura», sostiene Messori, mencionando uno de los asuntos más delicados del próximo semestre: los cambios que piensa realizar en la curia romana, el gobierno central de la Iglesia.
Por ahora aceptó el sábado la renuncia del discutible cardenal mexicano Javier Lozano Barragán como «ministro de Salud» de la Santa Sede, oficialmente por haber superado la edad de la jubilación, 75 años.
El purpurado era conocido en Italia por haber acusado de «asesinos» a aquellos que interrumpieron la alimentación artificial de una mujer que llevaba 17 años en coma, tras la autorización de la Corte Suprema, lo que desató polémicas y la ira de ambientes laicos, que lanzaron una campaña nacional para «desbautizarse».
Para el vaticanista del diario La Stampa, Marco Tosatti, los cambios proseguirán y es posible que afecten al número dos de la Santa Sede, el cardenal Tarcisio Bertone, y otros purpurados claves que ya alcanzaron la edad para jubilarse.
Los frecuentes vaivenes del papa Benedicto XVI crearon una «crisis subterránea» en la Iglesia Católica, afirmó el influyente analista italiano de asuntos del Vaticano, Marco Politi, en una entrevista publicada este lunes en Folha de Sao Paulo.
El analista sostuvo que la línea del papa Joseph Ratzinger es «de un constante zigzag».
«La paradoja es que Ratzinger, como pensador y como teólogo, es muy claro. Pero como gobernante da pasos falsos y después es siempre obligado a pedir disculpas», afirmó Politi, quien publica sus análisis en el diario italiano La Repubblica.
En su opinión, la rectificación de la designación del padre Gerhard Wagner como obispo de Linz (Austria) fue «el caso más grave (…) de la situación problemática del liderazgo de Benedicto XVI».
En tiempos modernos, destacó, nunca un Papa, «omnipotente en el derecho eclesiástico», fue obligado por un episcopado nacional entero a cancelar una designación. «Fue la señal más grave de la crisis subterránea que existe en la Iglesia Católica», aseguró.
En este pontificado «hubo diversos incidentes que no debían haber sucedido», como «aquel con el mundo islámico después de un discurso en la Universidad de Regensburg (Alemania), con los lefebvristas (seguidores del obispo conservador francés Marcel Lefebvre) y tantos otros», recordó.
Rehabilitar en la misa de Viernes Santo (aniversario de la crucifixión de Cristo), a pedido de los lefebvristas, una oración por la conversión de los judíos (como se hacía antes del Concilio Vaticano II) «es un ejemplo de la esquizofrenia que existe en este pontificado», comentó Politi.
El Papa también debió pedir perdón a los musulmanes después de citar una frase del siglo XIV («la violencia es incompatible con la naturaleza de Dios») durante una conferencia en la Universidad de Regensburg.
«Benedicto XVI está solo. No porque exista un partido que trabaje en su contra sino por causa de su gobierno solitario, que no considera las consultas ni presta atención a las señales que vienen del exterior», concluyó Politi.