El papa Francisco manifestó hoy su preocupación por el desempleo entre los jóvenes, mientras viajaba a Río de Janeiro, donde miles de jóvenes católicos le aguardan con los brazos abiertos como la simbólica imagen carioca del Cristo Redentor, para una jornada de evangelización en la que predominarán la lucha contra la pobreza y el ejercicio de la humildad.
Se trata de su primera gira internacional que lo trae al continente que lo vio nacer.
Manteniendo su ejemplo de que la Iglesia católica debe ser humilde, Francisco salió de Roma en un vuelo especial de Alitalia cargando su propio maletín de color negro. Incluso lo estuvo cargando cuando saludó de mano a algunas personalidades que acudieron a desearle un buen viaje y mientras subía las escalinatas del avión.
Durante su vuelo desde Roma, Francisco expresó a los periodistas que lo acompañaban en el avión su preocupación por el desempleo juvenil, que en algunos países alcanzan dos dígitos
Dijo que con ese nivel de desocupación «corremos el riesgo de crear una generación que nunca trabajó. La gente joven en este momento está en crisis».
No especificó ningún país o región, pero gran parte de Europa ve cifras preocupantes de desempleo, especialmente en Grecia, España e Italia, aunque Brasil está en mejor forma que las naciones europeas, con la desocupación en un nivel históricamente bajo.
Francisco también expresó su preocupación por las personas de la tercera edad, que en su criterio no deben ser aisladas «o descartadas como si no tuvieran nada que ofrecernos».
Los viejos «tienen la sabiduría de la historia, la sabiduría de una nación, la sabiduría de una familia, y necesitamos eso», expresó el papa.
El vuelo llegará directamente a Río de Janeiro. Su arribo se prevé a las 16.00 hora local. (1900 GMT).
De inmediato hará un recorrido por un sector de la ciudad en papamóvil y se reunirá con la presidenta brasileña Dilma Rousseff en el Palacio de Guanabara, sede de gobierno estatal de Río de Janeiro.
Se espera que al menos un millón de personas participen en la Jornada Mundial de la Juventud, que se extenderá hasta el 28 de julio.
El alcalde de Rio de Janeiro Eduardo Paes y el padre Marcio Queiroz dijeron en conferencia de prensa que aunque aún no tienen todas las cifras oficiales, al menos 450.000 personas habían ingresado hasta el domingo por el aeropuerto de la ciudad, donde viven seis millones de personas.
Ambos destacaron que el papa estará seguro y que aunque puede haber protestas, no ven riesgo para la integridad del santo padre.
«El papa hace lo que él quiere… el papa está totalmente seguro en Río de Janeiro. Él sabe que esta ciudad lo va acoger muy bien. Las manifestaciones son cosas normales. Nadie teme», destacó Paes.
«Sabemos que el papa Francisco quiebra reglas (de protocolo y seguridad)… el papa Francisco tendrá toda la libertad del mundo para andar por esta ciudad y dialogar con la población», expresó.
Los jóvenes están entusiasmados con la visita papal. «Yo opté por tener a Dios en mi corazón», agregó entre risas Yessica Ramírez la joven de 22 años y que viajó desde su notal Colombia para asistir a la Jornada y aprovechó las últimas horas del domingo para tomar un baño en las famosas playas de Ipanema.
El alcalde dijo que la visita papal era una nueva oportunidad para que el mundo vea a Río de Janeiro «sus cualidades, sus defectos, sus incoherencias, sus contrates» entre esa imagen de postales de hermosas playas junto a las empobrecidas favelas.
Como muchos jóvenes que han llegado a Río de Janeiro desde todos los rincones de América Latina para ver al pontífice, quien realiza su primer viaje desde que fue elegido en marzo, Ramírez destacó que el mensaje del santo padre será el lema de la Jornada, el de esparcir la palabra de Dios por el mundo: «Id y haced discípulos a las naciones».
En un mundo donde las mismas cifras de la iglesia dan cuenta de una reducción de sus seguidores, el encuentro de los jóvenes, una jornada que promueve el Vaticano desde fines de los años 80, la religiosidad expresada por muchachos y muchachos de toda la región sorprende hasta a los mismos peregrinos.
En Rio de Janeiro «uno se da cuenta que nos une a todos la misma cosa… es como estar en casa», aseguró a Vanessa Castro, una ingeniera industrial de 24 años, también de Medellín, al expresar su sorpresa sobre cuántos jóvenes latinos ha conocido y que participan en distintos grupos religiosos. «El papa es la representación de Dios (en la tierra) y su mensaje es para quien crea o no… la iglesia es universal», aseguró.
Promover esa devoción de muchachos y muchachas, que se congregan en una gran convivencia en que se les puede ver tomándose fotos en grupos, cantando y disfrutando de la ciudad o acudiendo a misa en esta ciudad, es uno de los grandes retos del papa, el otrora cardenal argentino y jesuita, Jorge Mario Bergoglio, de 76 años.
Lina Espinoza, una promotora comercial mexicana, lamentó que no podrá acompañar al papa en su recorrido por el centro de Rio, porque está comprometida a trabajar de voluntaria en la principal terminal de buses de la ciudad carioca para recibir y dar orientación a los peregrinos.
«Los peregrinos son una gran familia, aquí se destila convivencia y amor», comentó Espinoza, de 34 años, para quien el mensaje que traiga el pontífice solo tendrá significado si cada participante lo incorpora a su vida. «El papa no es Dios, él no va a hacer cambios en nuestras vidas. Él es un mensajero que nos dará una pauta, cada uno tiene saber asimilar su mensaje para transformar su vida», agregó.
Fernando Altemeyer, teólogo de la Universidad Católica de Sao Paulo, que la calidez y la comprensión están directamente relacionadas con Francisco como el primer papa de América Latina, una región donde ha estado expuesto a las duras realidades de la vida, en comparación con los papas europeos.
«Le permite entender y promover un catolicismo que se siente en el cuerpo, que es visceral», dijo Altemeyer. «Eso cambia un catolicismo que por cientos de años se ha sentido más en la mente, que ha sido más un catolicismo europeo», añadió.
Queiroz a su turno indicó que la norma en la Jornada es que el papa hable en el idioma oficial del país, en este caso portugués, pero no descartó que haga referencias en español debido a la presencia de jóvenes latinoamericanos.
Ya ha habido varios cambios en la programación oficial decididos por el propio Francisco, como que prevé reunirse con los peregrinos argentinos el jueves en la céntrica Plaza Once, de acuerdo con el alcalde.
Monseñor Orani Tempesta, arzobispo de Rio de Janeiro, dijo a los reporteros que el papa «regresa a su continente latinoamericano…nosotros lo acogemos con los brazos abiertos como el Cristo Redentor».
El papa viene como «un peregrino…y viene a darle la mano a todas las personas que quieran con él construir un mundo más justo, más humano, más fraterno», aseguró el prelado.
En Brasil, el santo padre se mantendría lejos de temas candentes como el aborto o matrimonios de parejas del mismo sexo y centraría su mensaje en que la iglesia debe enfocar su atención en los más pobres y que el clero debe llevar una vida de servicio y humildad.
Brasil, como algunos otros países de la región, permite el aborto en caso de violación, riesgo de la vida de la madre o que el niño tenga anencefalia y la Corte Suprema en el 2011 permitió la unión civil de parejas del mismo sexo.
El santo padre también podrá tocar el tema de la pobreza cuando se reúna con la presidenta Rousseff, quien enfrentó graves protestas el mes pasado y se espera que durante la visita de Francisco también puedan surgir manifestaciones.
La brasileña Sara Gerusa, de 19 años, siente que el prelado argentino habla un lenguaje más accesible a los jóvenes por su simpleza y por hablar en español, un idioma que sus compatriotas están acostumbrados a escuchar.
«Él tiene un estilo más cercano a nosotros, huye del discurso teológico y utiliza un lenguaje más coloquial», comentó Gerusa, mientras caminaba junto a otros peregrinos de su país por la playa de Ipanema. «Para nosotros brasileños es como si fuera uno de nosotros, entendemos su lenguaje».
Francisco no tendrá problemas si todos comparten el fervor de Gerusa. Sin embargo, ella es una excepción como los otros miles de peregrinos que han llegado a Brasil desde toda América Latina, la región del mundo con mayor población de católicos: un 42% de los 1.200 millones que hay en el mundo.
No obstante, millones han abandonado esa iglesia para machar a otras como la evangélica o directamente al secularismo.
Un sondeo del respetado grupo Datafolha divulgado el domingo por el diario Folha de S. Paulo indicó que 57% de los brasileños de 16 años y mayores se consideran católicos, el más bajo porcentaje histórico. Hace apenas seis años cuando Benedicto XVI visitó Brasil, una encuesta de la misma firma indicó que los que se consideraban católicos era 64%.
Y cuando Juan Pablo II se convirtió en 1980 en el primer pontífice en visitar Brasil, el porcentaje que se consideraba católicos era de 89%.
Datafolha entrevistó a 3.758 personas del 6 al 7 de junio. El sondeo tuvo un margen de error de dos puntos porcentuales.
Ponen mejor cara
para recibir al Papa
Maria das Gracas Santiago barre la calle frente a su casa y arranca las hierbas en el jardín a la orilla del río Farinha Timbó en la favela de Varginha, dos días antes de que el papa Francisco llegue para una histórica visita a la comunidad, en el norte de Río de Janeiro.
Con más de medio siglo de vivir en Varginha, una pequeña comunidad de 1.000 habitantes en medio del enorme complejo de favelas de Manguinhos, Santiago ve la visita del pontífice como un tributo a toda su familia, los primeros moradores de la zona.
«Mi abuela, mis padres y mis tíos, que fueron los primeros en llegar a poblar esta zona, no van a estar para este día histórico, pero yo voy a estar en primera fila para recibirlo. Yo veo esta visita como un homenaje a ellos, que formaron esta comunidad. Yo llegué aquí con cuatro años y nunca me fui», recordó la profesora jubilada de 61 años.
A su alrededor, el poblado trata de poner su mejor cara para una visita papal que hasta poco tiempo atrás nadie se hubiera imaginado. Francisco estará en la comunidad el miércoles, en el tercer día de su visita de una semana a Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.
Equipos de limpieza recorren las tres calles que atraviesan la comunidad a lo largo del río y el Canal do Cunha, recogiendo basura y barriendo, mientras vecinos pintan las bancas y mesas que sirven como puntos de encuentro de los visitantes.
Entre tanto, la presencia policial fue reforzada con agentes de seguridad que pasan a pie o en moto de un lado al otro para garantizar la tranquilidad del poblado, considerado el único del complejo de favelas Manguinhos donde la mayoría de los habitantes son católicos.
«Aquí es bastante tranquilo, las favelas de toda la zona están pacificadas y tienen presencia policial. Esta comunidad (Varginha) nunca tuvo grandes problemas, a veces había intervención policial cuando algún traficante huía de allá», comentó el sargento Robson dos Santos, de la policía militar de Río, durante un patrullaje el lunes, mientras apuntaba para la favela de Mandela, al otro lado del Canal de Cunha. Las autoridades no han dado detalles sobre el operativo de seguridad y el número de sus integrantes.
El padre Marcio Queiroz, párroco de Varginha, dio garantías en conferencia de prensa de que el pontífice estará seguro en la comunidad.
El Papa «está seguro, yo lo garantizo. Yo trabajo allá hace cinco años y estoy vivo», dijo Queiroz ante insistentes preguntas de la prensa sobre la seguridad del pontífice.
Varginha ofrece condiciones especiales para una visita de alto perfil, como la del papa Francisco, por sus pequeñas dimensiones y estar rodeada de agua, lo que facilita el control de seguridad. Dispone además de un amplio campo de fútbol que sirve como punto de encuentro para grandes multitudes, como las que se esperan el miércoles 24, cuando reciba al prelado.
La presencia del jerarca del catolicismo mundial también despertó el interés de cristianos de otras denominaciones que viven en la zona.
«Yo no soy católico, soy de la Iglesia Mundial, pero con toda seguridad voy a ir al encuentro con el Papa. Este Papa parece ser uno de nosotros por la forma que habla, es una persona sencilla como nosotros», expresó Carlos Alberto Lopes, un jubilado de 72 años y vecino de Varginha.
Para Maria das Gracas Santiago, la llegada del pontífice coincide con un momento doloroso en su vida, tras ser diagnosticada con cáncer en los pulmones.
«El Papa es un regalo que Dios me manda en este momento difícil de mi vida. Dios me va a permitir verlo en mi comunidad antes de morir, eso no tiene precio para mí», comentó con lágrimas en los ojos.