El Papa Benedicto XVI buscó limpiar la imagen de la Iglesia católica con unas inéditas disculpas por los abusos de sacerdotes pedófilos y un encuentro con víctimas durante su viaje a Australia, donde participó en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).
«Lamento profundamente el dolor y sufrimiento que han soportado las víctimas», expresó Benedicto XVI el sábado en una misa en la catedral de Sidney, al emitir la esperada disculpa por los casos de abusos que han hecho mella en la reputación de la Iglesia católica.
En un fuerte mensaje durante la visita más larga de su pontificado que comenzó en 2005, el jefe de los 1.100 millones de católicos en el mundo afirmó estar «avergonzado», demandó «compasión y atención» para las víctimas y que los responsables de «estos males» sean llevados «ante la justicia».
El Papa había abordado el tema en abril cuando visitó Estados Unidos, país donde la Iglesia ha desembolsado unos 3 mil millones de dólares de indemnizaciones y se contabilizan unos 14 mil niños abusados, pero no había pedido explícitamente perdón. También allí se reunió con víctimas.
En Australia, según la ONG Broken Rites 107 sacerdotes católicos han recibido condenas por abusos sexuales.
El pontífice dio cabida a último momento en su apretada agenda hoy a una reunión con víctimas de abusos, que durante la semana pasada había sido demandada con insistencia por los afectados.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, informó que cuatro víctimas asistieron a una misa oficiada por el Papa en la catedral y que luego se reunieron con el pontífice, quien se dirigió a cada uno de ellos «con un gesto paternal», para «mostrar de nuevo su preocupación» por los afectados.
La reunión, de una hora de duración, «refleja el compromiso de toda la Iglesia en Australia para llevar sanación y justicia a aquellos que han sido terriblemente heridos», reiteró un comunicado hoy del clero australiano.
«Como víctima de abuso clerical, saludo este primer paso (…) pero el Papa no pidió excusas por el encubrimiento de estos casos por sus obispos», se quejó Michael Woodhead, en una carta publicada hoy en The Australian, resumiendo la principal crítica hacia la Iglesia: el ocultamiento de los casos.
Pero ajenos a este problema, unos 223 mil peregrinos, 110 mil de ellos extranjeros de más de 180 países, participaron con alegría en las JMJ, desbordando las calles de Sidney con cantos religiosos, banderas y múltiples prendas de vestir con el nombre de Benedicto XVI.
El clima festivo por momentos hacía parecer a los peregrinos más como el público de un concierto de rock.
Del jueves hasta ayer-llegó el domingo 13 de julio pero los primeros días descansó-, el Papa encabezó varios actos masivos, como cuando surcó la bahía de Sidney al frente de una flotilla de 13 barcos y fue saludado por medio millón de personas, o la misa de cierre de ayer, ante 400 mil personas en el hipódromo.
Ante los jóvenes, el Papa lanzó varios mensajes que se centraron sobre todo en la censura al «consumismo» y la adoración de «falsos ídolos» como las posesiones materiales y el éxito en la sociedad actual.
«El Santo Padre busca la reflexión», fue la explicación del portavoz del Vaticano ante la densidad que por tramos mostraron los mensajes. La intención es que los jóvenes más allá de celebrar, se lleven con ellos palabras que los muevan a la meditación, dijo Lombardi.
Asimismo, Lombardi puso de relieve la diferencia de personalidad entre Benedicto XVI, ex profesor universitario y durante 23 años jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y su predecesor, el carismático Juan Pablo II, quien instauró las JMJ en 1986 como evento para renovar a la Iglesia ante los jóvenes.
El Papa anunció que las próximas JMJ se realizarán en Madrid en 2011, asegurando la continuidad de este evento, que, según palabras del arzobispo de Sidney, cardenal George Pell, «se han convertido en un punto de referencia de la Iglesia en la actualidad».
«Mientras espera ansiosa por las JMJ 2011, Madrid es una ciudad afortunada. Pasará mucho tiempo antes de que Australia vea de nuevo una semana como la de las JMJ», afirmó The Australian en su editorial de hoy.