Panamá y el Parlacen


El anuncio formulado por el Gobierno de Panamá en el sentido de que ese paí­s se retirará del Parlamento Centroamericano tomando en cuenta que se trata de un instrumento absolutamente inútil podrí­a servir para que los paí­ses de la región hicieran un rediseño de ese foro, pero lamentablemente podemos apostar a que no harán absolutamente nada y lo preservarán como un reducto para albergar a polí­ticos que no tienen cabida en las instancias de sus respectivos paí­ses.


Porque en honor a la verdad y a la luz de los resultados, el Parlamento Centroamericano constituye seguramente la más inútil cacharpa que ha tenido nuestra región. Cuesta un ojo de la cara porque cada uno de los diputados se embolsa un jugoso salario y además de que se les cubren viáticos, hay un alto costo de operación que sufragan los pueblos de los paí­ses miembros. Y en la balanza de resultados hay que poner un enorme e impresionante «cero» porque no existe absolutamente nada que pueda usarse para justificar su existencia. Sus resoluciones no son vinculantes, lo que lo convierte en un lugar para el parloteo y la plática insulsa porque de los debates que a lo mejor se producen no se obtiene absolutamente nada.

Centroamérica no ha cambiado un ápice como consecuencia de resoluciones del Parlamento Centroamericano y eso es una verdad absolutamente irrefutable, lo que debiera obligar a los paí­ses representados a tomar medidas, a revisar la importancia del foro regional para darle un enfoque diferente si es que pretenden que subsista.

La decisión del Gobierno panameño, que se enfrenta ahora con fuertes presiones de otros paí­ses, es digna del mayor y más sonoro de los aplausos porque ha puesto la pica en Flandes y expresado lo que todos y cada uno de los ciudadanos pensamos respecto al Parlamento Centroamericano. Si la región tuviera gobiernos decentes, identificados con sus pueblos y, sobre todo, preocupados por el interés de sus naciones, seguramente que todos habrí­an ya abandonado ese mamotreto costoso e inútil. Pero la polí­tica (o mejor dicho la politiquerí­a) pesa mucho en estas condiciones porque al fin y al cabo a la hora de repartir el pastel siempre está la tajadita de una beca como la que es el Parlamento Centroamericano, a donde se puede mandar a refundir a quienes por inútiles no tienen cabida en las instituciones nacionales o a quienes están pasando facturas que la polí­tica nuestra sabe cómo pagar.

En Guatemala cada vez que hay elecciones los candidatos a la presidencia dicen que abandonarán el Parlacen, pero una vez en el cargo deciden continuar con esa laguna tan útil para mantener lagartos.