La expresión de que el nuevo gobierno vaya a ser «el de los pobres» me agrada. Aunque de sobra sabemos que detrás de los lemas políticos y/o propagandísticos puede haber falsedad o demagogia, pero no se necesita ser doctos en materia económica y social para saber que más del ochenta por ciento de nuestra gente tiene rato de estar tronándose los dedos, por lo que urge atender debidamente a los más desposeídos de fortuna, además de ser una buena manera de sacar avante al país de manera más equitativa, ya no solo favoreciendo a determinados sectores que tradicionalmente salen de leva en cualquier nuevo gobierno que se instaure.
También sabemos que «una cosa es verla venir y otra muy distinta estar con ella», como que por norma general el político, una vez se encarama al guayabal se olvida de sus promesas y buenas intenciones. Sin embargo, con los naturales temores del caso, me atrevo a sugerir al nuevo gobernante y a sus colaboradores que lo mejor sería empezar por lo que todos los días el organismo humano requiere, como lo es una buena nutrición, también denominado: el sobrado derecho a contar con seguridad alimentaria. ¿Cuál es la comida básica del chapín?, ¿no es pan y tortillas? Excelente si de vez en cuando hay frijoles, arroz y mejor agregar un pedazo de pollo o carne de res, pero ¿quién no sabe que para los pobres chapines ni para lo más elemental les alcanza?
¿Alguien ignora que hace rato las tortillas se redujeron de tamaño, peso, grosor y de calidad alimentaria? y ¿qué me dicen del pan? Los franceses ahora flotan en el ambiente. Los de manteca, se transformaron en hostias y las shecas, cubiletes, champurradas, hojaldras y churros se volvieron artículos gourmet por sus precios fuera de la capacidad adquisitiva de nuestra moneda. Aquello que hace un mes los livianos franceses costaban tres por un quetzal, todo parece indicar que pronto pasará a la historia y después de enterarnos que la tonelada métrica del trigo ya supera los 350 dólares americanos.
Llevamos rato de oír sobre la intención de comercializar el pan no por unidad (lo que significa pésima calidad, cantidad y peor nutrición) sino que sea pesado (por libra o kilogramo tal y como se hace en muchos países del mundo, en México para no ir tan lejos). De esa manera, se cumpliría con el principio básico de proteger al consumidor, quien pagaría por algo que efectivamente le sirva en todo el sentido de la palabra. Sí, entiendo muy bien que en todas estas decisiones hay muchos intereses de por medio, entre los que se incluyen los de las gremiales, asociaciones, importadores y distribuidores pero ¿no dicen que este gobierno va a ser para los pobres, pues? Entonces, ingeniero Colom y doctor Espada, buena medida sería empezar a cumplir su lema de gobierno poniéndole atención a los intereses de ellos, como del bien común.