Uno de los mayores problemas que tiene el fisco de Guatemala es la masiva utilización del contrabando para evadir el pago de los derechos arancelarios de importación. Al respecto se ha dicho y escrito mucho porque no hay nadie que dude del enorme impacto que eso tiene en materia fiscal, aparte de lo que significa en materia de comercio desleal porque el empresario honesto se encuentra en enorme desventaja cuando tiene que competir con los que utilizan los servicios de las redes de contrabandistas que operan con la mayor normalidad y hasta, se puede decir, con pleno reconocimiento público.
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Sabido es, también, que ese procedimiento es posible gracias a una muy extensa red que opera a las claras y sin andarse con chiquitas. Los furgones pasan por los puertos como si fueran cajitas de chicles y se benefician no sólo los que mantienen esas redes, sino también una impresionante cantidad de empresas cuyos propietarios y representantes leales son de la gente que se califica como “honorable”, pero que no le hace ningún asco a eso de dar jugosas mordidas para evitar el pago de los derechos arancelarios por la mercadería que luego venden en sus “prestigiosos” comercios.
Conociendo esa situación que ha operado desde que Guatemala es Guatemala, aunque cada día más sofisticada y perfeccionada, no deja de ser un absurdo tremendo el proceder de las autoridades tributarias en el aeropuerto La Aurora, donde han montado un sofisticado sistema de rayos X para espulgar en las maletas de los viajeros para contener el contrabando. El contrabando que nos hace añicos no pasa por maletas, sino que pasa en furgones y eso lo saben perfectamente no sólo el Superintendente sino todos los intendentes y empleados a cargo del control de las aduanas, pero se ensañan con los viajeros y sería bueno que el Inguat hiciera una encuesta con los visitantes extranjeros para determinar el trato que se les da, no digamos a los connacionales que vuelven al país para visitar a sus familiares y tienen que cargar sus pesados bultos para ponerlos en las fajas que los transportan al módulo de rayos X.
Valdría la pena saber qué jocotes ha logrado la SAT en todos esos operativos que forman enormes colas con los turistas que ingresan al país para determinar la utilidad de una medida que se antoja absurda cuando uno conoce lo que realmente ocurre en las otras aduanas. Muy machitos los vistas con los turistas, pero con los contrabandistas son sumisos porque también reciben su tajada y su moco, razón por la que se explica la cantidad de mercadería contrabandeada que hay en el comercio nacional.
En realidad el turismo y el regreso de nuestros connacionales que viven en el extranjero y vienen a visitar a sus familias, es una importante fuente de ingresos para el país, no obstante lo cual el trato que se brinda a los pasajeros que aterrizan en La Aurora es patético porque las instalaciones del aeropuerto son un mamarracho caluroso y mal oliente. Los baños son una auténtica porquería que da asco al visitante y nadie se preocupa por mejorar las condiciones, quizá porque la comisión que daría el mejorar el sistema de aire acondicionado y mantener limpios los baños no es de gran envergadura y ya sabemos que nuestros funcionarios únicamente andan tras el negocio jugoso. Lo que no se mueve al compás del sonido de las fichas no se hace en nuestro país porque acá todo lo que tiene que ver con la gestión pública tiene que aceitarse debidamente con las prácticas inveteradas que han sido el sustento de las estructuras que manejan, con absoluta y pasmosa eficiencia, el sistema del contrabando nacional.