Palabras y gesticulaciones de sabios polí­ticos criollos


Aunque lo quisiera negar, en algunas ocasiones disfruto de declaraciones y gesticulaciones de algunos dirigentes polí­ticos y funcionarios públicos.

Eduardo Villatoro

He tenido la insólita oportunidad de escuchar a más de un diputado al Honorable que cuando menciona o alude al grupo rector del Congreso comienza diciendo así­: «Junta Directiva ha tomado la decisión bla bla blá… » Como si fuera signo de elegancia eliminar de su corto vocabulario el artí­culo «La Junta Directiva…». Similar caso ocurre con funcionarios bancarios. Hasta tuercen los labios y elevan la vista al cielo en actitud beatí­fica al indicar: «Lo que resuelva Junta Monetaria…»

Muchos reporteros de los medios impresos y televisivos, además de primorosas presentadoras de TV, de tanto oí­r que polí­ticos y funcionarios eliminan el artí­culo determinado, también están haciendo lo mismo. Peor si se refieren a «Torre de Tribunales», o «Casa Presidencial», como si fuera un delito de lesa laringitis anteponer el artí­culo «La».

Pero quien me ha conmovido durante las recientes semanas es el diputado en suspenso Manuel Baldizón en sus intervenciones dominicales televisivas. Concretamente en Guatevisión (la publicidad es gratis). Algún brillante asesor de imagen caí­do del tapanco le habrá dicho a don Manuel que según estudios de personalidad y del desenfrene de dirigentes polí­ticos, cuando se dirija a los televidentes debe mantener en alto los dedos pulgares, porque, subliminalmente, este gesto denota poder, autoridad, respeto, yemas. Al menos eso leí­ en un suplemento periodí­stico.

Ahí­ está el doctor Baldizón los domingos en la pantalla chica lanzando severas filí­picas a los estoicos y masoquistas televidentes, quienes generalmente no escuchan las sabias exhortaciones, regaños y denuestos del verborreico diputado, porque se encuentran embebidos y embobados ante la habilidad vertiginosa que tiene el polí­tico petenero de mover los brazos -más rápido que su lengua-, siempre con las manos abiertas y los pulgares apuntado hacia arriba, de modo que el espectador está más atento en observar en qué instante podrí­a desprendérsele uno de los dedos del gesticulador, que en ponerle atención a las palabras de quien semeja ser portero de futbol en plena práctica.

Todo lo contrario del presidente ílvaro Colom, quien, cuando surge solitario en la televisión, pareciera que se hubiese tragado una estaca -dicho sea con todo el respeto que se merece el alto dignatario-, y sólo de vez en cuando agita trémulamente uno de sus brazos, como si estuviera volando barrilete.

Otra singular caracterí­stica del simpático y derrochador Manuel Baldizón, es la referente al ahí­nco con que pide, suplica, clama, exige, demanda y casi cae de rodillas para que se aplique la pena de muerte. Contra lo que han dicho con propiedad algunos sesudos analistas, en el sentido de que ciertos polí­ticos oportunistas se están valiendo de la desesperación popular ante la imparable ola de violencia, para reclamar que se aplique ese castigo fatal a los delincuentes, el diputado Baldizón dice que a él le preocupa «que quienes por oportunismo ideológico atacan la pena de muerte».

Ahora resulta que los oportunistas no son los derechistas que vociferan porque se elimine a los criminales por parejo, sino oportunistas son los que creen que la muerte masiva de delincuentes no es la solución al problema de la violencia criminal. Presumo que un polí­tico joven que se ha doctorado en Derecho ha de ser inteligente, culto, asiduo lector de tratadistas y criminólogos contemporáneos, y, en consecuencia, pudiera llegar a pensar, allá a lo lejos, que la pena de muerte no es disuasiva, sino que deben atacarse las causas de la violencia.

(El televidente Romualdo Tishudo cuenta que a un juvenil y lenguaraz diputado le dicen «Rebelde sin Pausa»).