Siete soldados paquistaníes y al menos 50 militantes islamistas murieron en enfrentamientos después de que centenares de rebeldes vinculados a Al-Qaeda se tomaran un fuerte paramilitar cerca de la frontera con Afganistán, informó hoy un portavoz del ejército.
Violentos combates estallaron después de que militantes armados con lanzacohetes atacaran la noche anterior un puesto avanzado en la ciudad de Sararogha, en un distrito tribal de Waziristán Sur, dijo el mayor general Athar Abbas.
«Ayer cerca de la medianoche unos 400 infieles atacaron el Contingente Fronterizo en Sararogha. Se informó acerca de 40 o 50 infieles muertos, mientras que siete soldados cayeron como mártires», dijo Abbas.
«Los militantes se apoderaron del fuerte y estamos evaluando la situación en este momento», añadió el oficial.
Según una fuente militar, veinte soldados se encuentran desaparecidos después de que los fundamentalistas rodearon el fuerte, hicieron saltar las murallas y penetraron, tomando el control del lugar, donde se encontraban 42 militares.
«Decenas de soldados se encontraban en el edificio en el momento del ataque y no sabemos si están vivos, si han sido secuestrados o están muertos», reconoció en horas de la mañana una fuente de las fuerzas de seguridad.
En esas regiones tribales del noroeste de Pakistán, al menos siete soldados paquistaníes y 23 islamistas murieron el lunes en una batalla de envergadura.
En Waziristan del Sur, unos 50 radicales cercanos a los talibanes perdieron la vida la semana pasada tras el ataque de un fuerte del ejército.
En los distritos de Waziristán del Norte y del Sur, cerca de 90 mil militares paquistaníes se enfrentan a numerosos combatientes islamistas fieles a los talibanes y a Al-Qaeda.
Responsables estadounidenses están convencidos de que los movimientos de Osama bin Landen y los talibanes afganos y paquistaníes han reconstituido sus fuerzas en esas regiones tribales.
Los rebeldes lanzan ataques desde el otro lado de la frontera, en Afganistán. Las tropas afganas y extranjeras, sobre todo de Estados Unidos, combaten la insurrección de los talibanes.
La insurgencia de los talibanes y de grupos afines a Al-Qaeda se intensificó en las regiones tribales paquistaníes fronterizas con Afganistán desde que el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, ordenó al ejército reprimir un movimiento de rebelión en una mezquita radical en Islamabad el pasado julio.
El gobierno acusa al líder islamista Mehsud de ordenar la mayor parte de los ataques desde su escondite en Waziristán del Sur, incluido el asesinato de la líder opositora Benazir Bhutto durante un mítin electoral el 27 de diciembre.
Mehsud negó toda implicación en el asesinato de Bhutto.
Los insurgentes también tomaron el control de varias zonas en el Valle de Swat, en el noroeste de Pakistán, donde proclamaron la ley islámica antes de que el ejército los expulsara hacia las montañas.
La violencia en Pakistán despertó la preocupación por las consecuencias que podría tener la inestabilidad de un país que cuenta con la bomba atómica y es aliado de Estados Unidos en la «guerra contra el terrorismo» en vísperas de elecciones legislativas.
Los comicios del 18 de febrero son considerados como un paso clave para la democracia nueve años después de que Musharraf se hiciese con el poder gracias a un golpe de Estado militar.