La capital fue sede de la Conferencia Internacional de Cooperantes para la Reconstrucción con Transformación de Guatemala (un nombre más largo que la Cuaresma), los días 11 y 12 de octubre. Evento por demás importante que hubo de provocar expectativas enormes, igual de participación significativa, de naciones amigas ante la problemática generada por los fenómenos naturales.
Los severos daños sufridos en todo el país fueron señalados por el Gobierno, enfatizaron las noticias, a modo de sustento a la petición por un monto de casi 12 millardos para la reconstrucción. Esa suma conforma la ayuda extranjera a recopilarse durante los cinco años que supuestamente tardaría tal reconstrucción, característica objeto de señalamientos diversos.
De entrada los cooperantes expresaron a viva voz su decisión de participar, tomando en cuenta las calamidades y daños que asolaron el territorio patrio. Empero, enfatizaron sobre la urgencia que los connacionales participen sin excusa. Sea elevando la carga impositiva per cápita, mostrar voluntad, y transparencia en todas las acciones a emprender en tal sentido.
Acerca de esos condicionamientos, entendemos no constituyen un rol de cooperantes a regañadientes, hipótesis asumida con criterios acaso pesimistas. Nada de eso trajo el barco. Al revés, tenemos que aceptar, ajenos a error que tienen razón sobrada. No es así nomás soltar la plata, si la experiencia ofrece un cúmulo de aleccionamientos, aun en casos recientes.
Esto sale a la luz pública una vez más, tema fundamental del que se echa mano en situaciones similares. Si partimos del hecho de esperar que nos vengan a resolver los problemas, qué suave y nosotros nos hacemos los desentendidos. Igual resulta el llevado y traído patriarcado, incapaz de asumir responsabilidad, conciencia, cooperación y tantas cuestiones vinculadas con el problemón.
Es propicio insistir cómo al tocarse el tema tributario fiscal, sobreviene al instante el rechazo. Protesta todo el mundo, lo hacen empresarios, empleados de cuadros medios, trabajadores y población en general. Nunca vamos a avenirnos a la imposición de tributos, máxime respecto a nuevas cargas. Que la argumentación cajonera obedece a belenes sabidos, también es cierto.
La inmensa reconstrucción nacional, por las implicaciones de rigor, proclive a desvíos o transferencias posteriores, imposible quede durmiendo el sueño de los justos; además conforma, ni más ni menos, una verdadera «empresa de romanos». Por lo tanto, requiere la cooperación general, de acuerdo a sus posibilidades. El terremoto del 76 evidenció el espíritu chapín.
Otra condicionante que esgrimen entre regañadientes los países cooperantes, viene a ser la no reciprocidad nuestra respecto a objeciones recurrentes. La realidad consiste en la incapacidad de pago de la mayoría. De por sí correspondiente a tiempos inmemoriales cobra vida y exhibe situaciones dificultosas de su alcance, razón de no poder pagar dichas cargas.
Suman y siguen las aptitudes invocadas por los cooperantes, huéspedes distinguidos (no es tender alfombra roja), en Guatemala bella. Hicieron hincapié en la urgente supervisión de la obra a realizarse. Los costos, equivalentes a la sobrevaloración, nunca jamás son de calidad necesaria, al contrario, a las primeras lluvias exhiben la mano de mono y demás ilícitos.
Conferencias internacionales, máxime de índole y su espíritu de trascendental importancia, dejan experiencias vitales en beneficio de países en línea de subdesarrollo, que encajan con el nuestro. Bagajes como el mencionado fortalecen más las instituciones y corrientes por sendas correctas.
Alguien más del grupo cooperante, con voz tonante formuló los riegos de una piedra en el zapato, merecedores de solución inmediata en buena lid. A su juicio hace mucha falta la seguridad y garantía para posibles inversionistas, que al darse por enterados que estos prefieren marcharse a otros rumbos vecinos, el aporte final será de 4.7 millardos, no los 12 planteados.