Interesante resultó el foro o reunión de países amigos y cooperantes según dicen, que vinieron a tratar de «ayudarnos» con la «reconstrucción nacional», llegando a una interesantísima conclusión: que los guatemaltecos debemos pagar más impuestos, lo cual, a nadie le gusta, se trate del país de que se trate.
En lo personal, en este caso particular, creo que un impuesto temporal así se justifica sobradamente pero… y aquí vienen los peros, el ciudadano, pobre o rico es renuente a pagar impuestos no solo en Guatemala sino en cualquier lugar a donde usted vaya, forma, podríamos decir, parte de la condición natural del ser humano, pero en el caso de esta patria tan trágicamente destrozada, la situación de este pago, aunque sea en el papel para un fin noble y necesario, tiene penosas y tristes justificaciones para su negativa, que analizo con lógica y la realidad, y no con un simple afán de ser opositor al señor Presidente y su amada esposa.
Resulta que Guatemala, durante muchísimos años ha estado dominada por gobiernos déspotas, criminales, genocidas, pero sobre todo, ladrones en el grado máximo que la escala de la transparencia pueda permitir. Desde la llegada de los españoles se ha producido la política del despojo, de la cual no han escapado personajes tan encumbrados como Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera y ya no digamos los mas recientes a partir de 1954, después de un breve respiro de 10 años (1944-1954). Es decir lo menos que ello ha provocado es la absoluta desconfianza de que cada impuesto que pagamos va a parar a los bolsillos de un funcionario de cualquier organismo o institución que se convierten, de la noche a la mañana en «nuevos ricos» que temen por ejemplo a una ley de extinción de dominio o a la de enriquecimiento ilícito.
Y no digo que en otros países no exista la corrupción. Aún en aquellos «superdesarrollados», el robo del erario público es parte de la agenda política del funcionario que ocupe un cargo donde maneje fondos, avalados por complacientes e inoperantes sistemas de justicia.
Pero aquí la cosa es peor. Si bien es cierto que hemos sido castigados por la furia de la naturaleza, muchos puentes, muchas carreteras, muchas viviendas no se habrían destruido, si no hubiesen sido el producto de la componenda entre empresarios de la «construcción» y funcionarios. Pero no solo eso, es raro el día cuando no se denuncien anomalías cínicas de personas e instituciones que desde dentro de la administración pública socavan los cimientos de los pocos valores que nos van quedando.
Guatemala en cientos de años no ha avanzado nada en el área humana, es decir, dignificando al ser humano con una vida digna con acceso a salud, educación, vivienda, y seguridad, al menos. Por el contrario, cada día bajamos más al submundo del hambre, de la marginación, del analfabetismo, etcétera, porque los fondos públicos no son bien invertidos y por eso se contratan a instituciones fantasmas, se crean fideicomisos nebuloso, se realizan programas oscuros, que abren aún más el agujero negro de la impunidad. Por eso y miles de cosas más los guatemaltecos no quieren pagar impuestos y eso es lo que los otros países amigos o enemigos no entienden, porque si de donde ellos provienen la corrupción es menor, aquí abunda y lo peor es que la mayoría de la gente es pobre, literalmente, más de tres millones se mueren de hambre, más de siete millones no tienen servicios básicos de salud, más de la mitad de los 13 millones que dicen que somos, están en diferentes grados de situación de pobreza. Esto, señores cooperantes, hace que aquí el robo del dinero que se da para invertir sea un delito de lesa humanidad.
Y por otra parte, ¿con qué derecho, esos países e instituciones vienen a regañar al pueblo de Guatemala porque no tributan? Volteen a ver su historia llena de hechos oprobiosos y recuerden además que la supuesta «cooperación» se convierte en «préstamos» onerosos que algún día tendremos que pagar. Ese tipo de ayuda no gracias.
Como guatemalteco no sé cuando podremos tener un Estado honesto. Lo veo lejos y por supuesto yo ya no lo disfrutaré. Yo les diría a todos estos, desde la ONU, pasando por el Banco Mundial y los otros «grandes países». Si de veras NO van a ayudar, mejor cállense la boca.
PISTO PARA ELLOS. Aumentar impuestos y endeudarnos, es pisto para ellos, los malos, los que están en el trono. Los magistrados del OJ, que, mientras Colom pedía pisto para la «reconstrucción», ellos se aumentaron Q10 mil en gastos de representación; los diputados que se niegan a pasar la ley de enriquecimiento ilícito y de extinción de dominio porque seguro que muchos al cesar en sus cargos se irían directos al bote, aunque por poco tiempo, como Meyer y Morales; la reconstrucción del país estaría dirigida por la futura candidata Sandra Torres, el ministro de comunicaciones sería su más fiel y humilde servidor… y los necesitados, seguirían comiendo lo mismo de siempre. Al país hay que reconstruirlo pero a cachimbazos…