Aunque dicen que no por mucho madrugar amanece más temprano, la verdad es que no podemos permitir que pase más tiempo sin que se implemente el registro nacional de personas con su documento único y se depure seriamente el padrón electoral porque es indiscutible que la cédula de vecindad no constituye un documento confiable y por lo tanto tiene que dejar de utilizarse como fuente matriz de todo nuestro sistema nacional de identidad de las personas.
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Si le preguntan al presidente Berger les podrá decir que cuatro años se pasan volando y cuando sintamos nuevamente hemos de estar otra vez viviendo en medio del ajetreo de las campañas electorales, cuando ya es imposible realizar los cambios de fondo que el país requiere porque los políticos andan concentrados en la caza de votos y no en atender sus responsabilidades con los ciudadanos. Por ello es que ahora, cuando estamos en posibilidad de analizar en frío varias situaciones, es importante que se haga un esfuerzo descomunal para concretar el viejo sueño de dotar a los guatemaltecos de un documento de identidad confiable. En 1982, cuando se produjo el golpe de Estado contra Lucas García y se estableció un representativo Consejo de Estado, se formularon los proyectos de varias leyes políticas que, mal que bien, han servido a lo largo de todos estos años, pero lo que nunca se implementó, porque siempre se dice que ya queda muy poco tiempo y que no estaría listo para la próxima elección, es el documento único de identidad. Antes de 1982 se usaba para votar la cédula de ciudadanía junto a la cédula de vecindad y ambas eran sumamente vulnerables y alentadoras de fraude.
De hecho, el fraude que ahora es posible realizar está en la emisión de cédulas de vecindad falsas que permitan el empadronamiento doble o triple de una misma persona o aun el voto de muertos o de extranjeros sin derecho a emitir el sufragio. Cualquier Alcalde inescrupuloso puede crear una base política muy sólida con la emisión de cédulas falsas y dado que las elecciones municipales no se ganan con mayoría absoluta, ello puede explicar la existencia de verdaderos caciques inamovibles en sus localidades.
Los observadores internacionales que vinieron ahora y los que han venido para anteriores elecciones han coincidido en la urgente necesidad de cambiar el mecanismo de identificación de las personas en Guatemala. En el país todos sabemos que la cédula es un documento poco confiable y además nos desagrada tener que utilizarlo en el extranjero porque en este mundo de alta tecnología posiblemente no exista otro país en el mundo que tenga un sistema tan arcaico. Pero nada conmueve ni mueve a los políticos a tomar las decisiones adecuadas y de esa cuenta debiéramos suponer que dentro de cuatro años habrá que volver a ir a las urnas con la misma cédula de poco fiar. Es ahora el momento en que el Tribunal Supremo Electoral demande que se asignen recursos al Registro Nacional de Personas y que se legisle para emitir el documento. Si los municipios quieren seguir emitiendo su propia cédula que lo hagan, pero que no sea ese el documento principal de identidad en el país.