Padre/maestro—-Maestro/padre


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En esta ocasión, mi columna está en medio de dos fechas de mucha importancia para mí y creo que también para muchas otras personas, el Día del Padre, 17 de junio y el Día del Maestro, el 25 de junio.

Meditando sobre las dos fechas, he llegado a la conclusión de que el Padre es tan maestro por su constante influencia sobre sus hijos, como el Maestro es tan padre también por su constante influencia sobre sus alumnos.

Raymond J. Wennier


En las próximas líneas explicaré y demostraré qué es lo que entiendo de cada concepto, Padre y Maestro y cómo, según mi criterio, es lo vivido con mi papá y como maestro.

Lo escrito no está en ningún orden especial, está escrito según vino a mi mente. El trabajo es algo que todos tenemos que aprender para poder progresar en la vida. A los cinco años de edad, mi papá me sentó en el suelo de la tienda, a pasar huevos de una caja grande a un cartón y poder venderlos por docena. En mi recuerdo, mi papá me explicó cómo hacerlo para no dejar caer los huevos. Más adelante, un poco más grande en años, me puso, además de otras tareas, a “candle” los huevos. En ese entonces, había que pasar cada huevo por una caja que tenía una bombilla encendida que iluminaba el huevo y había que asegurarse que este no tuviera una manchita de sangre. La barrida de los pasillos de la tienda era también otro de los trabajos asignados. Como adolescente, los encargos del trabajo aumentaron en cantidad y en responsabilidad. Tenía que aprender los precios de los productos y a ser cajero, aprender a cortar carne y así ayudar en la preparación de las dos mil libras semanales de carne molida; hacer la mezcla de la fórmula para hacer embutidos y para alargar la cuenta de mis tareas, a los diez y seis años, con licencia de manejar, mi deber era cargar el pick-up con la basura de la tienda y llevarla al botadero.

El maestro también recibe instrucciones en su preparación sobre cómo hacer diferentes trabajos que demuestren su vocación en la respuesta que dan a esas instrucciones. En vez de trabajar con un niño (como en mi caso), hay más niños al cuidado de cada maestro y por eso es indispensable la debida planificación de sus clases para que cada alumno reciba la atención necesaria (como me enseñó mi padre la fórmula para hacer los embutidos). Durante el proceso de mi aprendizaje, en un contexto u otro, siempre existía la corrección a tiempo cuando se cometía un error. Pues, en la escuela, también sucede cuando el maestro corrige de inmediato a los alumnos, dentro de un contexto y no una o dos semanas después cuando el contexto es otro.

Definitivamente, los valores, además del trabajo de mi padre, ocuparon un lugar primordial en mi formación. La honestidad, un valor que es necesario para mantener un negocio con una buena cantidad de clientes. Ser responsable de mis acciones, en la escuela y fuera de ellas. Eso significaba que había una consecuencia si hacía algo no correcto. El respeto a uno mismo y a los demás, fue un valor en los primeros lugares de la lista de valores de mi padre.

 El maestro también tiene que enseñar valores. La honestidad, especialmente en nuestros tiempos actuales, debe estar vigente aún. Exactamente los mismos antes expuestos, son obligados para que el maestro los viva y enseñe a sus alumnos. Mi papá me formó con amor, no sólo en los asuntos de negocios (contenido), sino también en lo que representaba tomar en cuenta a la persona, en su totalidad, la parte afectiva también. No sólo eran los clientes quienes contaban sino cada miembro de su familia.

Los maestros somos formadores de nuestros alumnos no sólo rigiéndonos por el CNB sino tomando en cuenta al niño y al joven completo, con las tres formaciones que han sido la base de mi quehacer como maestro: Formación académica, formación práctica y formación personal. Eso demuestra el cariño que el maestro tiene por cada uno de sus alumnos.

La formación que mi padre me dio, incluía la búsqueda de cómo mejorar personalmente mis conocimientos y su aplicación. Mi papá quería que lograra algo más que lo que él logró en estudios. Él llegó a octavo grado de primaria (así es el sistema de USA); como no quería seguir estudiando, “a trabajar” fue lo que le dijeron sus papás (mis abuelos). Encontró trabajo en su pueblo, al inicio de los años de la década de los veinte del siglo pasado, vendiendo verduras en una carreta. Los maestros tenemos que tener expectativas más altas para nuestros alumnos para evitar que hagan lo mismo, dejar de estudiar y ponerse a trabajar. Mi padre logró triunfar en el Siglo XX por razones coyunturales, en este siglo no se puede lograr lo mismo sin estudios.

Los amigos de mis papás y sus familias tenían un lugar especial, cuando se reunían, no eran reuniones simplemente sociales, estaba siempre presente la disposición inmediata de ayudar al amigo que lo necesitaba, sin esperar que el favor regresara. El maestro es igual, debe estar dispuesto a ayudar a cada alumno en sus necesidades, no solo académicas sino las personales también.

“Equipo” es un término de uso común hoy día. Es utilizado para trabajar en compañías y en otros lugares. Antes, la implicación era hacer equipo con su esposa, como fue el caso de mis padres, para trabajar tanto en la actividad económica como en la formación de los hijos (nosotros fuimos tres). Los maestros también tenemos que pensar en trabajar en equipo en la escuela. Tenemos que crear una comunidad de aprendizaje de maestros, alumnos y padres de familia. La educación ya no es aislada, cada quien en su esquina; la educación es en equipo en la parte central, intercambiando habilidades y responsabilidades para mejorar la forma de educar a los hijos-alumnos.

Hay mucho más que podría contar de mi padre y de ser maestro, pero lo dejo hasta aquí: padres/maestros, maestros/padres.