“Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado”.
Madre Teresa De Calcuta
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A mis 75 años de vida, como quien dice nada, han transcurrido más de 50 años desde que me convertí en padre, aproximadamente 30 años que me convertí en “mapa” (mamá y papá) y alrededor de 25 años que Dios permitió que naciera mi primera nieta. Qué rápido ha transcurrido la vida, que llena de matices, colores, olores y sabores y si alguien me preguntase si estaría yo dispuesto a vivirla de nuevo no vacilaría en decir a Dios gracias sí.
Como la vida de todo ser humano, la mía está llena de aciertos y desaciertos, lo cual solo significa que he vivido una vida normal y que cuando me siento alrededor de la mesa, en un día festivo como el Día del Padre, mi mayor deseo, mi mayor alegría es que en la misma estén presentes y compartamos hijos, naturales y políticos, nietos y si Dios lo permite algún día bisnietos.
La vida no es fácil, ni debemos pretender que lo sea. En el transcurso de la misma se hace camino y en el camino de las vivencias y experiencias se siembran y cosechan enseñanzas, amigos y más de algún opositor, lo importante es aceptarla, aprender de los errores y transmitir a nuestros hijos, nietos, amigos y connacionales la experiencia y el conocimiento que el andar del día a día nos ha otorgado. Arrepentirnos es bueno; sin embargo, eso no borra la vivencia, muchas veces aprendemos más de un error que de un acierto.
Quienes instituyeron el “Día del Padre” saben que es para conmemorar a todos los hombres que han procreado un hijo sin excepción y que en ese día lo material no tiene mayor trascendencia, es el beso, es el abrazo, es el sonido de la voz de nuestros hijos y nietos lo que importa y si compartimos un desayuno, un almuerzo o una cena lo más importante es la presencia, el ánimo y su alegría.
En Guatemala la mayoría de los padres son trabajadores que se esfuerzan en plantar y producir en la agricultura, en el comercio, en la industria y en los servicios, algunos son migrantes. A todos ellos debemos respetar y honrar, nunca pretender juzgar. No somos Dios para determinar lo bueno y lo malo. Recordemos que “el que se ensalza será humillado”.
En este “Día del Padre” debemos tomarnos un tiempo y un espacio para recordar a los padres y abuelos ausentes, son ellos los que nos precedieron, con su trabajo y sacrificio nos abrieron los espacios de la vida, de la misma manera que nosotros hemos continuado el andar. La vida en sí no es una recta, tiene sus subidas y sus bajadas, sus claros y sus oscuros, lo importante es que continuemos hacia adelante para que cuando nos toque pasar el umbral del más allá y presentarnos ante Dios Padre podamos con tranquilidad decir: “Señor he vivido y durante esa vida el balance de mis acciones es más positivo que negativo, por tanto Señor, te he honrado, he respetado a mi prójimo y al hacerlo he aceptado que como ser falible no he sido perfecto. En todo caso, sí he sabido cumplir con mis obligaciones y a través de ellas con mis responsabilidades.
Cuando miro hacia atrás agradezco las oportunidades recibidas y como padre y como abuelo he servido a los que amo y a los que me rodean, en mi devenir he sido parte de la acción de la historia de mi patria, de mi comunidad, de la sociedad, por tanto “he sembrado un árbol, he tenido un hijo, un nieto y he vivido”. Gracias mi Dios.
¡Guatemala es primero!