Este año se celebra el cincuenta aniversario de la encíclica que para algunos constituye una de las más importantes del siglo pasado. Publicada por Juan XXIII y aparecida en 1963, el documento pontificio es un texto escrito oportunamente dado las amenazas de la coyuntura vivida en esa época. Como se sabe, se vivía bajo el temor de una guerra nuclear y la preocupación también afectaba a la Iglesia Católica.
Los estudiosos afirman que Pacem in terris fue la primera encíclica dirigida no solo a los obispos y fieles católicos, sino también a todos los hombres de buena voluntad. Las circunstancias de su publicación coinciden también con el trabajo de los padres conciliares, reunidos en el Vaticano con el afán de renovar la Iglesia. ¿Cuáles son las partes importantes del texto?
La primera parte trata del orden entre los seres humanos. Se interesa en reflexionar sobre los derechos y deberes de las personas y su responsabilidad frente a la sociedad. La segunda parte considera las relaciones entre las personas y los poderes públicos en el interior de la comunidad política. La tercera parte se concentra en las relaciones entre las comunidades políticas, donde se habla del desarme y la inutilidad de la guerra en el nuevo orden mundial. La cuarta parte trata de las relaciones de los seres humanos y de las comunidades políticas con la comunidad internacional. La última parte es más pastoral y hace un llamado a los fieles a trabajar por la paz.
Giovanni Sale, S.I., examina en el último número de la Civiltá Cattolica un par de ideas que le parecen rescatables de una encíclica que no pasó desapercibida casi para nadie en aquella época de conflictos globales. Indica, por ejemplo, que es destacable el espacio que le concede a la reflexión del valor absoluto de la persona humana, dotada de derechos y deberes que “brotan inmediata y simultáneamente de su misma naturaleza” y que son, por lo mismo, “universales, inviolables, inalienables” (n. 8).
“El hecho de que la encíclica se abra afirmando los derechos (y deberes) del hombre en cuanto a persona marcada por el pecado y la caducidad, es ciertamente una perspectiva nueva: El Papa mira al hombre y su historia con ojos positivos y con renovada esperanza, no obstante los peligros del tiempo presente, afectado por la amenaza de la guerra atómica, del desequilibrio social y de la disparidad existente entre los hombres y entre los Estados”.
Otra novedad que considera el jesuita, se relaciona con el modo cómo se considera al hombre y se lee la realidad de la historia: en ella se realza ante todo a la persona humana, titular de derechos y no la verdad, abstractamente entendida como un sistema de principios, si bien justos y útiles. “La verdad, como la justicia, el amor y la libertad, se considera uno de los “pilares” de la encíclica, pero no es titular de derechos; solo la persona, imago Dei, lo es.
Por último, otro tema original de la Pacem in terris, tiene que ver con la invitación del Papa a involucrarse en el trabajo por la paz. Es un llamado a los fieles a no encerrarse en la comodidad de sus hogares, sino a comprometerse en la construcción de un mundo mejor. Giovanni Sale piensa que tales afirmaciones tuvieron un impacto grandísimo no solo para Italia, sino también y sobre todo para la política internacional. “Algunos estudiosos ven en este pasaje la clave interpretativa de todo aquel fenómeno político-diplomático conocido como la Ostpolitik de la Santa Sede frente a los países comunistas. En Italia este pasaje de la encíclica papal fue leído en clave política, o sea, como una autorización implícita dada por el Pontífice para una colaboración entre católicos y socialistas en vista de la realización bien común”.