Otto-Raúl González


Ayer, se llevó a cabo la investidura de Otto-Raúl González con el doctorado honoris causa, por parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

«Soy poeta y tengo 86 años», fueron las palabras con las que inició su discurso de aceptación del grado académico.

En su discurso evidenció que, a pesar de su avanzada edad, aún sigue amando a la vida; resaltó que la Guatemala de ahora es mejor de como era hace unos cincuenta años, momento en que tuvo que salir al exilio.

Sus palabras fueron breves, pero reflejaron un enorme sentido, sobre todo para este poeta que únicamente ha regresado de su exilio en dos ocasiones: ésta y cuando recibió el Premio Nacional de Literatura.

A pesar de contar con grados académicos, de licenciado en Ciencias Jurí­dicas por la Universidad de San Carlos, y de Lengua y Literatura por la Universidad Autónoma de México, indicó que la entrega del doctorado honoris causa le conmueve enormemente.

Como parte de sus reflexiones, indicó: «Â¿Siempre me he preguntado si el poeta nace o se hace? Y he llegado a la conclusión en mis 86 años que el poeta nace, claro; pero luego se hace a través de la coyuntura, a través de su ejercicio poético.»

El acto académico contó también con las palabras del rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Estuardo Gálvez; hizo un recorrido con los principales datos biográficos de Otto-Raúl González, deteniéndose particularmente en la conjugación de su participación polí­tica con su quehacer literario.

Su vida

Otto-Raúl González nació en Guatemala, el 1 de enero de 1921. Formó parte del grupo literario conocido como Grupo Acento, del cual también formaron parte Carlos Illescas y Augusto Monterroso. Este grupo se caracterizó por varios aspectos. En primer lugar, fueron parte activa de la lucha para derrocar a Jorge Ubico; segundo, formaron parte del cuerpo diplomático durante los gobiernos de la Revolución, y tercero, realizaron exilio en México, con la caí­da de Jacobo Arbenz.

Literariamente, se puede decir que el Grupo Acento, pese a tener fuertes motivaciones polí­ticas, no basó sus textos en la denuncia social. Sobre ellos pesa una gran tradición literaria, que se plasmó en la calidad de sus escritos.

En el exilio en México, Monterroso, Illescas y González convivieron con los escritores mexicanos. Ninguno de los tres regresó a Guatemala para establecer de nuevo residencia.