La economía mundial no se puede entender en la actualidad sin analizar el impacto y la importancia que tiene China en el comercio de hoy, por lo que la decisión del Gobierno de Costa Rica, encabezado por í“scar Arias, al romper sus relaciones con Taiwán y establecerlas plenamente con China es un acierto que evidencia, por enésima vez, la habilidad de los ticos que siempre nos ganan las partidas por ese extraordinario sentido de la oportunidad. Costa Rica, como Guatemala, ha sido objeto de la política de cooptación dirigida desde Taipei y que se dirige no sólo a los pocos Estados que mantienen relaciones con Taiwán, sino que a quienes en cada uno de esos países tienen capacidad para influir.
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Los cheques a Portillo son paradigmáticos, pero simple y sencillamente porque el hecho trascendió públicamente, pero en la práctica la política de sobornos ha sido constante y también políticos ticos han tenido que encarar problemas judiciales como resultado de esa forma de asegurar las relaciones diplomáticas mediante la compra de voluntades. Políticos, periodistas y empresarios forman parte del esfuerzo de los taiwaneses por asegurarse que en este puñado de países no haya ningún esfuerzo por establecer relaciones con China, no obstante que cualquier análisis lógico obligaría a entender con quién hay que tratar en esa parte del mundo.
Por supuesto que la prensa nacional le pedirá al presidente Berger que no vacile, que se mantenga firme y que defienda la política basada en las relaciones con Taiwán, porque son muchos los periodistas que fueron en su tiempo cooptados por los diplomáticos mediante viajes y prebendas. Y se llega al colmo del cinismo de plantear ahora como una oportunidad para aumentar el chantaje, diciendo que es momento oportuno para pedirle más ayuda a Taiwán a cambio de que nos cerremos a la posibilidad de establecer relaciones con China.
Creo yo que los políticos y la prensa se irán quedando solos en su apoyo a Taiwán porque hasta el tema ha dejado de ser político, no digamos ideológico. Es pura cuestión de pragmatismo y por ello los mismos empresarios locales serán un grupo de presión para obligar a una política exterior más sensata. Voceros del sector cafetalero han dicho que los ticos, al tomarnos la delantera, se aprovecharán de ese enorme mercado y harán más difícil para el café guatemalteco entrar a China cuando al fin tengamos una política exterior sensata basada en los intereses del país y no en el pago de favores recibidos de los taiwaneses.
Aunque sólo fuera por la prueba fehaciente que constituyen los cheques entregados a Portillo, Guatemala tendría que tener una postura más digna y edificante, rompiendo con esa tradición de unas relaciones diplomáticas basadas en distintas formas de soborno que van desde lo institucional hasta lo personal. El actual Presidente ya adelantó que su gobierno no cambiará la política aunque, teniendo que rendirse ante la realidad, dijo que espera tener relaciones comerciales con China. Ello es materialmente imposible porque la condición de China es clara y categórica.
Hasta Pollo Campero para entrar a China lo tuvo que hacer recurriendo a sus vínculos con empresas españolas para aprovechar la oportunidad que ofrece ese gran mercado, pero no es correcto que al empresario guatemalteco se le niegue la posibilidad de entablar relaciones con el mercado más atractivo del mundo, simplemente porque nuestra prensa y nuestros políticos fueron cooptados por Taiwán.