Otra vez la batalla del presupuesto


Por cuestión de calendario, toca otra vez lo que podemos calificar como la batalla del presupuesto y el gobierno está realizando una ofensiva de información para preparar el terreno de lo que se tendrá que discutir en el Congreso de la República. Mientras el Presidente pide a la población en su programa radial que esté vigilante para evitar que le afecten en sus derechos con la no aprobación del Presupuesto, el ministro de Finanzas procede a dar detalles de lo que contempla el proyecto respectivo para iniciar así­ el cabildeo necesario.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Sin embargo, justo es decir que si en el año 2010 no tuvimos presupuesto fue porque se produjo una especie de conspiración dirigida por el mismo oficialismo que torpedeó la aprobación de ese instrumento financiero y utilizó con habilidad las palancas de una torpe oposición. El anterior Ministro de Finanzas filtró oportunamente la información de que era justamente el oficialismo el que estaba torpedeando la aprobación del presupuesto e hizo ver que renunciarí­a al cargo si no se aprobaba el presupuesto. Todo porque se habí­a dispuesto implementar algunos candados que hubieran sido una camisa de fuerza para controlar transferencias y eso no convení­a a los programas dirigidos por la esposa del Presidente, según lo que trascendió en aquellos dí­as.

Por supuesto que no se aprobó el presupuesto porque no querí­an candados, y el Ministro de Finanzas tampoco cumplió con su anunciada renuncia, misma que al final se materializó cuando se dio cuenta de que no habí­a dinero ni para cubrir los sueldos de fin de año luego de las masivas transferencias que él mismo implementó para nutrir los programas de Cohesión Social que resultan pieza clave de la estrategia electoral del oficialismo y por lo que sus recursos no sólo son intocables, sino que crecen al ritmo de lo que los activistas reclaman.

Pienso que es momento de plantear un presupuesto que contenga medidas que apunten a calidad del gasto y a la transparencia, lo que demanda la imposición de candados que terminen con el desorden financiero de las transferencias que hacen estéril la existencia de un Presupuesto General de la Nación aprobado por el Congreso de la República con apego a la Constitución. En el fondo, mientras haya esa manga ancha para transferir fondos de una partida a otra, pasándose por el arco del triunfo lo resuelto por el Congreso, aprobar o no aprobar el presupuesto seguirá siendo un ejercicio estéril porque no ayuda a establecer orden en el manejo de los recursos públicos. Y el Contralor sigue haciéndose el papo de lo que ocurre todos los dí­as con esas transferencias que rompen la unidad del instrumento que por ley determina la orientación del gasto público y centra su interés y atención en lo que hace un tesorero municipal de recóndito municipio, sin ponerle ojo a lo que hacen ministros, viceministros, directores generales, diputados y, no digamos, aquellas personas que ni son funcionarios públicos ni mucho menos cuentadantes, pero que son los que saben cómo se mueve la melcocha.

Es importante un buen presupuesto con clara definición del destino de los recursos, pero más lo es un presupuesto que contenga los candados del caso para evitar que se hagan micos y pericos para burlar el instrumento que haya sido aprobado por el Congreso. La danza de millones no se ha dado únicamente con las finanzas del Ejército, aunque eso sea el caso paradigmático, sino que no hay dependencia a la que no le metan mano para exprimirle partidas a sabor y antojo.