Otra vez el tema del avión privado


Oscar-Clemente-Marroquin

Cuando critiqué en anteriores ocasiones el uso que presidentes hicieron de aviones privados lo hice por el principio de que los favores se pagan y que son fuente del tráfico de influencias. Así lo dije cuando Berger aceptó que lo trasladaran en el jet corporativo de una empresa de aguas gaseosas, cuando Colom lo hizo con la nave de Tomza y lo vuelvo a hacer ahora que el presidente Otto Pérez lo hace con el avión de la empresa de los señores Gutiérrez.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


El mandatario, como lo dijo Colom, dice que ese viaje no le costó nada al país y que se aprovechó que los empresarios irían a Colombia para combinar el vuelo. El tema no es, por supuesto, del costo que directamente tiene para un país cada viaje del mandatario, sino de los compromisos que se puedan adquirir. Uno de los puntos que más han criticado al Rey de España es que aceptó el viaje pagado por un multimillonario árabe que tiene fuertes negocios en España, puesto que salta a la vista que en ese tipo de “agrados” siempre se recuerda que quieren otros “agrados”.
 
 En Estados unidos han destituido Secretarios del Ejecutivo por viajar en aviones privados de empresas o empresarios que tienen intereses con el Estado. Baldizón dijo en la campaña de la segunda vuelta que la Supertortilla que forma parte del plan hambre cero era un supernegocio por la compra de la harina que se utilizaría para su elaboración.
 
 La vieja máxima vigente desde los días del imperio romano sostiene que la mujer del César no sólo debe ser honrada sino, además, debe aparentarlo. En el caso presente, las apariencias son contrarias a la transparencia y es lo que obliga a cuestionar el poco tino de un gobierno que está promoviendo su lucha contra el hambre en el país, que reconoce las miserias sociales, y cuyo Presidente no puede más que viajar en naves privadas proporcionadas por empresas que, como pasaba con Tomza y puede pasar con la harina para la Supertortilla, tienen intereses que pueden privilegiar con una ayuda del Estado.
 
 El poco tino de un gobierno que ha criticado a los anteriores por la falta de transparencia, pero genera sentimientos muy opacos cuando incurre en los mismos vicios que en el pasado fueron fuente de suspicacias respecto al pago de favores y tráfico de influencias.
 
 Yo he sostenido desde hace mucho tiempo que más barato sería para el país comprar una nave decorosa, aunque sea cara, para los viajes del Presidente que andar pidiendo jalón a los particulares que tienen aviones privados tipo jet. Sobre todo si existe el menor asomo de probabilidad de que exista un interés comercial en términos de proveer al Estado o de hacer contratos con sus dependencias.
 
 Creo, sin embargo, que un país pobre, con las miserias que hay en el nuestro, debe tener autoridades que respeten a la población más necesitada y no jerarcas que andan eructando pollo. Pero en el peor de los casos sería mucho menos oneroso, en términos reales y en términos de confianza en las autoridades, invertir en una nave cómoda, rápida y pequeña, que pueda evitar que los funcionarios le deban permanentes favores a las más grandes empresas que son, precisamente, las que les pueden ofrecer el “servicio” para transportarlos a remotos lugares.
 
 Las críticas no eran contra Berger por jocotear o contra Colom por prurito. Simplemente es una realidad en los países donde hay preocupación por la transparencia que ese tipo de favores no se permiten porque salta a la vista que comprometen la posibilidad de que mediante tráfico de influencias terminen siendo pagados de una y mil maneras que todos conocemos. No es que sin los vuelos no haya tráfico de influencias, sino que éstos lo hacen mucho más obvio.