La despenalización de la producción, comercialización y consumo de drogas tiene varias ventajas, pero como ya he señalado antes la principal es que, fuera de lo nocivo que puedan ser las drogas para el ser humano, es importante que impere la libertad que tenemos de actuar media vez no afectemos la salud, la vida o la propiedad de terceros.
En los 70’s Estados Unidos intensificó la lucha contra la droga lanzando una guerra repleta de carga moral que se ha convertido en el caldo de cultivo de delincuentes despiadados. Años después y con el fracaso de la guerra sobre sus espaldas a algunos funcionarios se les ocurrió que la única forma de ganar la guerra sería controlando los flujos de dinero del narco e impusieron entonces una serie de regulaciones que lejos de ayudar ha resultado costosa, engorrosa y, cómo no, incentivo de más corrupción. Al ver que las regulaciones financieras que pesaban sobre los cuentahabientes de muchos países del mundo no funcionaron, los funcionarios gringos tuvieron a bien crear la primera versión de la ley contra el lavado de dinero en 1986. Con el tiempo muchos de los países del mundo, por compromisos políticos o cualquier otra estúpida razón, fuimos cayendo en el juego de firmar acuerdos y crear legislación local a ese respecto. De esta manera creamos un adefesio legal que no tiene base moral porque el lavado de dinero es de los pocos delitos que no se pueden cometer sin antes cometer otro ilícito. No es ni ilegal ni inmoral comprar un carro por ejemplo, pero sí lo es si se compra con dinero proveniente de una extorsión, un secuestro o el tráfico de drogas. Se me ocurre a mí, por pura lógica, que los esfuerzos debieran de estar concentrados en detener estos ilícitos y no en perseguir el producto del ilícito. ¿Por qué? Pues simplemente porque, de nuevo, no se debe de perseguir acciones humanas que por sí solas no representan daño o perjuicio a terceros. Comprarse una Hummer, una esclava de oro o un tigre para zoológico privado no debiera de ser penado.
El costo de la Ley Contra el Lavado de Dinero es altísimo y los resultados que la ley ha dado en cuestión de investigaciones fundamentadas es espurio y totalmente ineficiente. Hace muchos años las investigaciones que los aparatos de control ordenaban estaban basadas en montos importantes, retiros, depósitos o transferencias que llamaban la atención eran investigados pero el resultado no fue el esperado y para corregir tal situación la respuesta de los gobiernos fue intensificar el control con más de lo mismo, pero hilando mucho más fino. El resultado lógico fue más costos operativos que finalmente son pagados por el consumidor y de esa cuenta llegamos a la desgraciada situación de hoy donde es virtualmente imposible hacer depósitos en efectivo en los bancos, cambiar un pinche billete de US$20, sacar una tarjeta de crédito o comprar un seguro sin pasar por un rosario de requisitos y formularios que obligan al usuario a entregarle información privada al gobierno. La pregunta que debemos hacernos es si confiamos en que los políticos hacen buen uso de nuestra información y si les interesa guardarla adecuadamente.
A partir del famoso septiembre 11 las leyes de lavado tienen oficialmente dos objetivos centrales, el combate al narcotráfico y el combate al terrorismo, pero el caso del terrorismo está igual o peor sustentado que el del narco porque como posteriormente comprobamos con Osama bin Laden el financiamiento de sus atroces actos provenía de actividades legítimas y morales como lo eran la construcción y el petróleo de su familia. De nuevo la raíz del problema, lo deleznable, lo inmoral y lo ilícito es el terrorismo y no los fondos para financiarlo.
La Ley Contra el Lavado de Dinero es el resultado directo de atacar un problema por las ramas y no por las raíces. Mientras tanto el comerciante honesto y trabajador se tiene que tragar el alto costo de la burocracia controladora a cambio de que las autoridades agarren a cuatro micos al año. Si algún bendito día la discusión de la despenalización llega al feliz resultado de liberar el mercado de drogas seguramente se discutirá posteriormente la eliminación de esta nociva ley que tiene de rodillas a los buenos mientras los pillos siguen, con regulación o no, haciendo de las suyas.