El gobierno de Siria ha sido acusado por activistas en el uso de armas químicas en contra de la población en unos suburbios de Damasco, matando a más de mil trescientas personas, mientras que Estados Unidos, aun sin aportar pruebas, ha considerado como un hecho inevitable una intervención militar encabezada por ellos, junto al Reino Unido y Francia para atacar Siria después del domingo próximo, una intervención que seguramente no contará con la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
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Estados Unidos argumenta que dispone ya de las pruebas y que las pondrá en conocimiento del mundo en breve con el fin de legitimar la operación. La administración de Obama ha concluido que el Gobierno sirio es el responsable del ataque y, por tanto, argumenta que tiene que haber una respuesta internacional.
Pero la sombra de la intervención en Irak, donde no se comprobó la existencia de armas de destrucción masiva en ese país, está ejerciendo una presión considerable sobre los principales actores de este capítulo en las horas previas al lanzamiento de los primeros misiles. Ninguno de los tres gobiernos que ejercen el liderazgo desean repetir los errores pasados, y buscan por tanto, las mayores garantías para que la acción sea legítima y lo más justificada posible, desde todo punto de vista.
Con ese propósito se están identificando los objetivos militares y con ese propósito el Gobierno británico presentó este miércoles en el Consejo de Seguridad una propuesta de resolución en la que solicitó una autorización para “el uso de todos los medios necesarios” para proteger a la población civil en Siria, copiando el modelo que se utilizó en 2011 en Libia.
Por otra parte, considero que la resolución de la ONU está condenada a fracasar, ya que Rusia tiene derecho de veto y ha declarado ya que no respaldará dicha resolución. Pero en el debate se intentará dejar claro que las potencias occidentales han hecho todo lo posible para que el organismo que mejor representa la voluntad de la comunidad internacional se implique en esta crisis, aunque los tres países más involucrados han advertido claramente que no creen necesaria una resolución de la ONU para actuar.
Mientras tanto, en La Haya, Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, ruega al bloque para extender por unos días más la acción de intervención, argumentando que sus inspectores aún no finalizan la investigación.
Legitimar las acciones y la responsabilidad de un gobierno supone lo que los inspectores de las Naciones Unidas se encuentran realizando en Damasco, una recolección de pruebas fehacientes para luego generar un reporte y posteriormente emitir una resolución.
La administración norteamericana no parece tener mucha paciencia. “Nosotros vamos a tomar nuestras propias decisiones de acuerdo a nuestro propio calendario”, dados los comentarios de la portavoz del Departamento de Estado, Marie Harf.
Si Siria utilizó armas químicas y causó la muerte de esas personas mediante un supuesto ataque químico con gases tóxicos, entonces el gobierno sería responsable de las acciones y debería haber consecuencias en contra de las autoridades que perpetraron el hecho ilícito, pero esas acciones de responsabilidad tendrían que someterse antes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En todo caso legitimar implica probar la culpabilidad del gobierno sirio, y si bien esto implica una reacción internacional, no significa autorización para atacar arbitrariamente a un país y luego someter el caso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Los esfuerzos diplomáticos se desploman cuando un bloque de poder como Estados Unidos, Reino Unido y Francia unidos toman determinaciones sin esperar una resolución equilibrada con la voluntad mundial que contiene la aprobación para un ataque, pero de nada sirve entonces el máximo organismo de paz mundial cuando los bloques arbitrariamente intervienen y actúan olvidando los principios de la carta de las Naciones Unidas.c