Se sabía de su larga enfermedad, de manera que aunque no se deseaba se esperaba su fallecimiento. Especialmente lamento su ausencia, porque dejó en mí gratísimos recuerdos. Me repetía que en La Hora siempre había un espacio para mí y que debía usarlo.
Cuando llegaba al periódico a dejar mis colaboraciones las entregaba a él, personalmente, y con este pretexto conversamos muchas veces. Yo le escuchaba con atención sus largas anécdotas y observaba su gran conocimiento de la historia.
Eran lógicas sus críticas acres para los gobiernos de turno. Gracias a sus constantes columnas se evitó la colocación de una estatua de Morazán en uno de nuestros parques. Coincidimos en el daño que Morazán le hizo a Guatemala y así me pedía investigar al respecto.
Un día por intermedio de Alfonso Enrique Barrientos ( ) pidió que me presentara en La Hora para conversar conmigo. í‰l deseaba que le escribiera una breve historia de La Hora, en sus diferentes etapas y también de La Hora Dominical. Así lo hice y este trabajo mío fue publicado en La Hora con alguna relevancia. Esta breve historia la he dejado en mi obra Estudio Histórico del Periodismo Guatemalteco (Siglo XX), editada por la Universidad de San Carlos de Guatemala, todo con el visto bueno de don Oscar Marroquín Milla.
He de decir que la ausencia de don Oscar y la de Alfonso Enrique se perciben. Ahora, cuando alguna que otra mañana llego a La Hora la siento diferente. Nunca dejaré de agradecer el deseo de don Oscar al dedicarme un suplemento de La Hora, publicación que me dio muchas satisfacciones.
Por su amistad y sus consejos deseo presentar mis condolencias a la Familia Marroquín y muy especialmente a su director Oscar Clemente Marroquín y Familia, con el aprecio que todos se merecen de mi parte.