“Si yo he tenido una visión amplia es porque me he subido a los hombros de gigantes” Isaac Newton
Recientemente y con gran pesar para las letras e intelectuales guatemaltecos, falleció un gran mecenas: Oscar de León Castillo, benefactor y protector de la literatura nacional y de la formación educativa de los habitantes de nuestro territorio.
¿Cuántas veces hemos leído y escuchado de la falta de buenos ejemplos que el país necesita para la formación moral de las presentes generaciones de guatemaltecos?; ¿cuántas veces hemos exaltado a nuestros valores nacionales?
En realidad, los reconocimientos en vida de grandes hombres y mujeres que nacieron en el suelo patrio es muy pobre, excepto, cuando obtienen distinciones que generalmente vienen de otros países.
La desmoralización que algunos jóvenes padecen estriba, eso es incuestionable, de la poca importancia que nuestras autoridades y la sociedad en general da a los éxitos de sus
connacionales.
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Las grandes obras, especialmente, debieran de ser constantemente conocidas y exaltadas, y aprender de países vecinos que lo primero para estos es, su pueblo, su nacionalidad, sus científicos y grandes seres humanos y no digamos su territorio.
Oscar de León Castillo ha sido y será un ejemplo para nosotros, que en verdad queremos a Guatemala y, que con la Academia, estudios y obras a la vista de todos, venimos buscando caminos sanos y de formación humanística que sirva para que las futuras generaciones sepan reconocer y quizás mejorar su vida que otras personas ignoran cómo hacerlo.
Por si los lectores no lo saben, la obra del intelectual al que nos referimos, Oscar de León Castillo, no sólo quedó en publicar literatura infantil, cuentos e historias nacionales, sino que le brindó a muchos profesionales su editorial para publicar sus trabajos de investigación, textos y literatura en general. Esfuerzo que debe ser imitado por nuestros conciudadanos, toda vez, que no es nuevo reconocer el enorme atraso que se vive por el analfabetismo que como lastre impide el progreso del país.
Vayan estas letras como un homenaje a la obra descrita y un mensaje a los amigos y familiares de don Oscar, como le decíamos en vida, de los que hemos venido trabajando por el engrandecimiento intelectual de la otrora Tacita de Plata.