Oriente Medio se queda de nuevo sin luz


Conflicto. Desde el pasado 20 de mayo se encuentra sitiado por el Ejército de Lí­bano el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared.

Más de 100 muertos en una inusitada ola de violencia en Lí­bano, enfrentamientos diarios y coches bomba en Gaza e Irak, cacofoní­a entre los lí­deres palestinos e israelí­es y palabras de odio desde Teherán: la sangre vuelve a correr en Oriente Medio ante la impotencia de los dirigentes mundiales.


«Todos los conflictos están ligados, incluso lo que ocurre en Afganistán. Estamos llegando a extremos peligrosamente explosivos», explicó a la AFP Waleed Saleh, profesor de Estudios Islámicos de la Universidad autónoma de Madrid.

Desde el 20 de mayo, unas 105 personas han fallecido en Lí­bano, escenario de la ola de violencia interna más dura desde el fin de la guerra civil en 1990.

Dos campos de refugiados palestinos de este paí­s, arrasado por una terrible guerra contra Israel en julio de 2006, son escenario del enfrentamiento entre islamistas de Fatah al Islam, vinculado a Al Qaida, y el ejército libanés.

En un paí­s hundido en una crisis polí­tica y económica grave, faltaba la reaparición de los islamistas para fragilizarlo todaví­a más y amenazar con extender el conflicto a todo Lí­bano.

«No se puede entender lo que pasa en Lí­bano únicamente como un problema interno. Estos campos de refugiados llenos de frustración son un lugar perfecto para el radicalismo islámico más violento, que ya no lucha contra los culpables de sus males sino contra el que tiene más cerca», según Saleh.

Este experto recordó que hace algún tiempo se hablaba de «libanización de Irak y ahora comienza a hablarse ya de la iraquización de Lí­bano».

A pocos kilómetros, los palestinos, acorralados en Gaza y enfrentados a la ocupación en Cisjordania, entran en un nuevo ciclo que cierra definitivamente el paréntesis abierto por la firma de los acuerdos de Oslo de 1993.

«Nunca los palestinos estuvieron tan aislados los unos de los otros. El bloqueo fí­sico y mental producirá efectos devastadores», previó en un análisis el vespertino Le Monde.

Además, la violencia entre nacionalistas del Fatah e islamistas de Hamas corroe las entrañas de la franja de Gaza y aleja cada dí­a más el sueño de un Estado palestino.

Cuarenta años después de la derrota árabe de 1967, los palestinos ven cómo su destino se les escapa de las manos y se sienten incluso incapaces de preservar una precaria unidad para enfrentarse a Israel.

«Â¿Qué han conseguido los palestinos en estos 40 años? Una situación de tutela, en otras palabras, una aniquilación. Israel, apoyado por Estados Unidos, exige y exige pero no devuelve ningún derecho de los que arrebató», aseguró Saleh.

El resentimiento frente a una Autoridad palestina incapaz de dar la vuelta a la situación es igual de intensa que la impotencia ante el acoso de Israel desde el inicio de la segunda Intifada en el 2000, que se vio intensificado con la construcción de un muro en Cisjordania por parte del Estado hebreo.

En un informe reciente del Banco Mundial se mostraba que «la mitad de Cisjordania es inaccesible hoy en dí­a para los propios palestinos» y que esto provoca una crisis económica general que significa la muerte «a fuego lento» de este pueblo.

«Si el Banco Mundial conoce otra forma de luchar contra el terrorismo, que nos lo haga saber», respondió el viceministro de Defensa israelí­, Efraim Sneh.

Según los expertos, los habitantes de Gaza y Cisjordania, manipulados por terceros paí­ses y por algunos padrinos ricos, pueden sucumbir a las tentaciones más radicales. Lo ocurrido en los «laboratorios» de los campos palestinos de Ain El Heloue y Nahr Al Bared en Lí­bano lo pone de manifiesto.

Mientras tanto en Irak, la ocupación estadounidense es considerada unanimemente un desastre pero nadie, comenzando por los paí­ses árabes vecinos, propone una solución alternativa para este paí­s arrasado por una violencia ciega que implantó la consigna de «todos contra todos».

«Movidos por objetivos inaccesibles y armados con planes incoherentes que les hacen cambiar constantemente de táctica y perder más y más vidas, los estadounidenses ya no saben qué quieren en Irak ni como desean obtenerlo», declaró a la prensa el analista Hussein Agha.

Consciente de su gran influencia en grupos radicales de la región, el presidente iraní­, Mahmud Ahmadinejad, amigo de amenazas lapidarias, interpretó esta semana la situación de una manera que no ayudará en nada a sus vecinos: «La cuenta atrás para la aniquilación de Israel por parte de palestinos y libaneses, ha comenzado».

«No se puede entender lo que pasa en Lí­bano únicamente como un problema interno. Estos campos de refugiados llenos de frustración son un lugar perfecto para el radicalismo islámico más violento, que ya no lucha contra los culpables de sus males sino contra el que tiene más cerca.»

Waleed Saleh, profesor de Estudios Islámicos de la Universidad autónoma de Madrid.