Orhan Pamuk: El libro negro (XXXIX)


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“El muchacho comprendió que estaba enamorado de la muchacha en ese momento mágico en que ambos miraban las páginas del libro sosteniéndolo cada uno por un extremo”.

Antes de despertarse en una cama ajena y con un pijama que no es el suyo, Galip sueña, solo piensa o incluso escribe un evocativo y nostálgico capítulo del libro, El cuento entró en el espejo, con el insuflado y previsible estilo de Celal, el Celal arrogado con la llave maestra de la imaginación, el Celal reflejado y asumido entre los vericuetos de ambas grandes soledades.

René Leiva


Galip y Rüya, desde la niñez, más que paralelas o coincidentes, son, eran vidas convergentes, entrelazadas, apenas diferenciadas por la vital individualidad existencial, lo masculino y lo femenino, él y ella… Dos espejos, con el tiempo. ¿O uno solo?

La identidad. Si los opuestos se atraen, ¿los parecidos se repelen? ¿Bastaba ver el otro, otra, para saber cómo era cada quién? (¿Me gusta, acepto, tolero lo que veo?).

Pero no es, no podía ser, el espejo de Narciso, el vulgar espejo de pared, la vitrina, el ubicuo espejo acechante que es ojo cuando es mirado. Es el espejo del espejismo y de la especulación. El espejo que es el otro… que debe descifrarse… Que devuelve o refleja, para quien sabe ver y mirar, cuanto cubre la superficie, esa piel dura, lisa y fría… Y, por supuesto, más allá del mercurio. ¿También el espejo se refleja en el cuerpo que lo mira? ¿Es el espejo una máscara… otra?

(Ya no es Celal, cabe recordarlo, sino Galip quien escribe este capítulo, en primera persona y dirigido a Rüya, se supone).

Química sutil la del espejo. Química de y en la mirada. Química de esa transformación simultánea que cambia sin alterar nada. Transmutación de la luz en reflejo sin mudar la oscuridad que la integra. El fondo del espejo está en su superficie, ¿o más acá?

El cuento o juego mágico infantil de Galip y Rüya: coincidir ambos “entre dos espejos de cuerpo entero”, con su efecto multiplicador, y también en los dibujos pueriles en que dentro de una imagen se reproduce la misma imagen disminuida hasta la invisibilidad o el infinito…

“(…) En esos libros siempre existen fragmentos que separan las historias y los personajes unos de otros y los convierten en incomparables”.

¿Son, hacen o terminan por ser Rüya y Galip una pareja más bien dispar o dispareja, en que cada cual resulta incomparable, o sea sin parar, impar, des-igual, sin igual…, que la convivencia no ha logrado emparejar, más allá de cualquier ejercicio verbal? ¿Por eso cada quien y de manera diferente quería ser otro y en distinto espejo?