Orhan Pamuk: El Libro Negro (XXX)


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“Para poder ser como los protagonistas de las novelas policiacas, que siempre pueden ver pistas en los objetos – – pensó Galip cansado – -, basta con que uno crea que las cosas que le rodean ocultan algún misterio.”

René Leiva


Como atrapado por la seducción – tentación del pantano que no es lago ni isla, del que brota una antigua y sólida bruma de fuegos fatuos, Galip se hunde en este (otro) libro negro de arenas movedizas, o de letras y rostros, textos y fotografías, inscripciones y miradas inconstantes que es el contenido del archivo de Celal: estamos en El misterio de las letras y la desaparición del misterio. Pero, ¿por qué no El juego de las letras y la desaparición del engaño, desde una irónica mirada semioccidentalizada, precisamente de quien lo escribe? ¿Desde sus estancias en “América” creía Pamuk (1990) que para “desarrollar” a Turquía hay que alcanzar (? ) a Occidente?

Aventurero –explorador lectural de los tesoros documentales de Celal, Galip también incursiona en el hurufismo y las profecías de Fazlallah (siglo XIV), su fundador y suerte de místico, filósofo, matemático, poeta, lingüista, psicoanalista, mahdi, santo, mártir…, de gran influencia en el Medioevo, y, como no, precursor y casi preencarnación del propio Celal (aunque esto último pase desapercibido a Galip).
“Según Fazlallah, el sonido era la línea que separaba el ser y el no ser (…) Por supuesto, la forma más desarrollada del sonido era la ‘voz’, esa cosa excelsa a la que llaman ‘el verbo’, ese instrumento mágico llamado ‘palabra’ que está compuesto por letras. Y era posible distinguir con toda claridad en las caras de los hombres esas letras, que son la esencia y el significado del ser y la manifestación de Dios en la tierra.”

Si al lector, pero no a cualquier lector, le da la impresión de que Celal, entre líneas, lleva en su lectura a Galip por donde él, Celal, quiere, ¿por qué el propio Galip no advierte que es conducido? ¿No sabía Galip que Rüya y Celal sabían que iría a buscarlos no precisamente por obvias rutas transitadas y desgastadas por tantas huellas previsibles y rutinarias? ¿Cuántas veces no se pierde al alma al perder (o perderse) el misterio?

“Cometer un asesinato del cual el culpable nunca sería identificado o desaparecer sin dejar la menor huella eran (…) buenos métodos para recrear el misterio perdido.”

La mirada al misterio oriental desde la visión occidental – racional, realista, pragmática, cientificista, escéptica, agnóstica, materialista, utilitarista, panexplotadora… – es como extraerle crema a la leche y cafeína al kahffé.

(Para echar un vistazo a la espiritualidad y la cosmovisión maya occidente se ha puesto microscopio en un ojo y telescopio en el otro, a la vez. Por supuesto, carece de tercer ojo.)