“Mientras se desnudaba y se ponía un pijama de Celal se le vino a la cabeza que en la historia auténtica del triste escritor que había escuchado la noche anterior en el cabaret, uno de los personajes se tumbaba a oscuras en la silenciosa cama vacía de otro.”
Nada le cuesta a Galip asumir la muy compleja personalidad e identidad de Celal, sin realmente usurparlas, como si la existencia de su primo periodista, de tan conocida, le perteneciese casi desde siempre.
Un juego encubridor, nada ingenuo, del misterio de las desapariciones. Si Celal está escondido (o muerto, al fin) Galip puede sustituirlo de maravilla en ciertas circunstancias. A tal grado llega el divertimiento, a veces siniestro, de las adopciones y adaptaciones cotidianas entre afuera y dentro de los espejos, su imperceptible vaivén.
En el coloquio telefónico de Galip con un desconocido que cree conocer a Celal mejor que el propio Celal, la corta pero intensa dialéctica que ahí se construye dota a Galip de mejores y mayores pretextos identitarios para seguir siendo Celal… Casi casi el “original”. Ese enfrentamiento argumentativo, a distancia, no buscado, corrobora al “usurpador” que puede ser otro. Mejor aún: que es otro.
Conspiración es, precisamente, pensamiento, palabra, concepto clave, no siempre explícito, en aquel que va en busca de la confianza, la convivencia y acaso el amor perdido, porque implica una traición de signo plural: no es solo la mujer fugada. Debe de tener cómplices que ni ella misma conoce.
Todo tiene doble sentido, y la lógica paranoica otorga, por supuesto, mayor importancia al segundo sentido, el oculto, creando en el caso de Galip una maraña de significados que, al cabo, la simple realidad de lo real desvanece, vuelve vano, al vacío del sinsentido.
El primer sentido envejece, se añeja, niégase a morir; el segundo, doble imperfecto, permanece en estado fetal, negándose a nacer o asomándose apenas a la luz incierta de lo real porque en el intento puede ser decapitado…
Es tanta la voluntad y la intensidad de querer ser otro, que tal intención irradia, explosiona, se dispersa e influye y tiñe cuanto le rodea: el medio familiar, social, citadino… No basta que yo sea otro; todo lo demás también debe mutar… como si fuese necesario.
¿Unas palabras, a mitad de camino, para Rüya, Galip y Celal – – y para cualquiera – – de parte de Antonio Machado? “Busca a tu complementario, /que marcha siempre contigo/ y suele ser tu contrario.”