Orhan Pamuk: El Libro Negro (XXII)


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“Eso que llamas lector no es más que un niño que quiere ir a la feria.”

¿Desde cuándo, cómo, por qué llega Galip no a convertirse sino a ser Celal, su primo y cuñado, hermanastro de Rüya, su esposa y prima?

René Leiva


Ya desde niño gustaba contemplar a una segunda personalidad que caminaba con sus pasos, veía con sus ojos, pensaba con su mente… ¿O entendemos mal, compañera alma, este libro de hojas dobles, palabras triples, escrituras cuádruples, significados quíntuples…?

(El libro tiene la palabra. En qué momento ya no bastó el discurrir del pensamiento en sus cauces internos; ni la oralidad, resonancia de la lengua, por sus sendas aéreas; ni el diálogo, esa verbal y lúdica confrontación de espejos.

Y entonces surgió la escritura, que “puede ser tan sorprendente como la vida”, germen y espíritu del libro.)

Rüya y Celal desaparecen de forma casi simultánea, en el tiempo… Ergo… Pero son medio hermanos… El columnista polémico y la lectora de novelas policiacas… Las coincidencias ¿rebuscadas, reencontradas? consideradas como indicios de un misterio que debe construirse, más que descubrirse, mediante la intuición que a veces engaña…

Cuando la memoria es vaciada por una vida mediocre, plena de rutina y repeticiones, viene a colmarla una existencia ajena, y así creerse y sentirse con la memoria de otra vida…, mientras dura la impresión de esa historia en el recuerdo recién estrenado…

(Si todo quiere persistir en su ser –la piedra, el árbol, la mariposa…–, sería el individuo humano, occidentalizado, dentro de la ideología judeocristiana, adscrito a las doctrinas de la desesperación, proclive al suicidio existencial o metafísico, quien renegaría de sí mismo y rompería esa persistencia en su ser, renunciando a ser el que es, para asumir una otredad en el dudoso reino de la contingencia…)

Ese desequilibrio de cuanto construye e integra la identidad individual, un tanto artificioso o intelectualizado por la escritura de Pamuk, no afectaría a todo turco, por supuesto; más bien al estambulense asediado y víctima de la aculturación y la agresividad de “Occidente”, que ve perder sus tradiciones y costumbres por el desaguadero de la homogeneización mundial… Darlo todo a cambio de no ser nadie. Nadie. ¿Vamos a la feria?