Orhan Pamuk: El libro negro (VII)


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Cuando desaparece alguien amado, la esposa, así deje (o no) una nota de 19 palabras, su búsqueda comienza muchos años antes, desde la primera ancla que logró aferrarse al fondo de una mirada fugitiva.

Darle significado precursor y condición de indicio primerizo al esbozo de una posible existencia compartida que quedó como trazo luminoso de un dedo distraído en cualquier vidrio opaco, otra rudimentaria sombra del pensamiento.

René Leiva


Los rastros de algo no son ese algo. ¿El ácido desoxirribonucleico de una voluta de humo filtrada por labios una tarde de lluvia, lluvia entretenida en carámbanos callejeros? ¿Qué tan objetiva es una pista cualquiera? ¿Por qué escoger una, esa precisamente, en un arcoíris de pistas? En su indagación secreta Galip obedece a “impulsos interiores” porque es más su intuición frenética que el cálculo detenido, el “método” descubridor de significantes y significados. Pero el significado de algo no es ese algo. ¿O sí?

“La mayor parte de la gente –le dijo Celal (a Galip)– no se da cuenta de las particularidades esenciales de los objetos simplemente porque los tienen delante de las narices. Sin embargo, ven y notan las secundarias porque están apartadas en un rincón y sólo por eso les llaman la atención (…) Pero lo peor es que arrojan a un lado el periódico sin percibir ni el significado completamente evidente que tienen delante de sus narices en el resto del artículo ni los significados ocultos y casuales que requerirían un poco más de paciencia e inteligencia.”

En la busca de Rüya Galip se encuentra con la ¿también? desaparición de Celal, su primo –cuñado, hermanastro de su prima– esposa. Celal, el más leído, admirado, amadodiado columnista cuyas explicaciones del mundo eran preferibles al mundo “real”, según Galip.

Incluso los relatos que comienzan por el final, al cabo tienen no precisamente el mismo final. Es “otro” final porque para llegar a él debe recorrerse un cierto trecho de algo más que palabras. (Pero este no es el caso.) El final es la parte ¿parte? más ficticia de una novela, sobre todo si cierra con la última frase o palabra. ¿Cómo hacer para que no termine, pero tampoco continúe, por razones no siempre piadosas, al menos en el papel (o cualquier otro medio)?