Optimismo madridista declarado


El equipo inicial del Real Madrid en su enfrentamiento contra el AC Milán. José Mourinho, el técnico, parece haber encontrado un equipo base que se ajusta a su idea de un equipo dominador. FOTO LA HORA: AFP DOMINIQUE FAGET

Se ha declarado el estado de optimismo en el Madrid y la estadí­stica echa combustible a la ilusión del Proyecto Mourinho: con el triunfo ante el Milán, es la primera vez en 22 años que el conjunto blanco empieza ganando sus tres primeros partidos de la Copa de Europa y sin recibir ni un gol en contra. El inicio perfecto…

Redacción La Hora
lahora@lahora.com.gt

Cristiano Ronaldo, jugador portugués del Real Madrid. FOTO LA HORA: AFP JAVIER SORIANO

El 2-0 al Ajax, el 0-1 en Auxerre y el 2-0 del martes suponen un récord para la entidad con el actual sistema de Champions con liguilla. Para encontrar otro arranque así­ hay que coger la máquina del tiempo hasta la campaña 88-89 y aún más atrás, a la 55-56 (la de la Primera), ambas en el antiguo modelo de Copa de Europa, con eliminatorias directas.

Para dar más mérito a lo conseguido bajo la batuta de Mourinho, en 1988 el Madrid doblegó a dos rivales de bastante menor entidad. Los de Beenhakker eliminaron en dieciseisavos al débil Moss noruego con un 3-0 en el Bernabéu (Losada, Tendillo y Butragueño) y el 0-1 en tierras vikingas (Butragueño). En octavos, el rival fue el Gornik polaco. En el Chorzow Slaski el marcador finalizó 0-1 (Hugo Sánchez) y en la vuelta el Madrid también venció, pero los polacos batieron a Buyo (3-2) y el récord se fue al traste…

Villalonga.

La otra ocasión con el inicio perfecto fue en 1955, con Villalonga en el banquillo. En el estreno de la competición, el Madrid tumbó en octavos al Servette por 0-2 (Muñoz y Rial) y 5-0 (dos de Di Stéfano, Joseí­to, Rial y Molowny) y prolongó la racha con el duro Partizán en la ida, gracias a un 4-0 (doblete de Castaño, Gento y Di Stéfano). La vuelta, el 29 de enero de 1956, acabó en 3-0 para los yugoslavos y pasó a la historia como el partido de la nieve.

Este inicio perfecto del Madrid en Champions lo firmaron también previamente Chelsea, Arsenal, Lyon, Bayern, Juventus, Arsenal y Panathinaikos, pero ninguno de ellos fue capaz de superar los cuartos. El Madrid, que con Mou no ha perdido ninguno de sus 16 partidos, afronta ese reto con el optimismo pintado en el rostro…

DEFENSA

Las portadas y los resúmenes de TV suelen apuntar a los que hacen los goles. Los ocupan los Cristiano, Higuaí­n u í–zil. Pocas veces se verá un despeje de Ramos, un cruce de Pepe, una anticipación de Carvalho o una recuperación de Marcelo. Y, sin embargo, la clave de este Madrid está atrás. En la solidez de su defensa. Nada nuevo en la trayectoria de José Mourinho. Y que, además, deja poso.

Casillas, Ramos (o Arbeloa), Pepe, Carvalho y Marcelo. La lí­nea de fondo del Madrid está firmando un arranque de temporada espectacular. El Real Madrid sólo ha encajado tres goles en 10 partidos (siete de Liga y tres de Champions), a pesar de que sus laterales son, durante muchos minutos, dos interiores. Un equilibrio en el que Xabi y Khedira tienen también mucho que ver.

La del Madrid no es la mejor defensa de Europa -con los números en la mano- por los pelos. El Chelsea, que ha encajado idéntico número de goles pero jugando un partido más, acredita un promedio de 0,27 dianas recibidas por choque, por las 0,3 de los blancos.

En el Inter no se nota la mano de Mou. El equipo de Bení­tez ayer se descompuso. Los italianos recibieron tres goles en su partido de Champions ante el Tottenham -pese a todo ganaron-, y ya han encajado ocho en 10 partidos (0,8). El Copenhague, 10 en 15 (0,6). El Glasgow Rangers, como los daneses, dejó ayer de estar imbatido en Europa. Los escoceses han encajado 8 goles -su promedio es de 0,72- y el Manchester United, un total de 11 tantos (1 de promedio).

En cuanto al resto de las ligas europeas mas competitivas, el Borussia Dortmund tiene la mejor defensa en Alemania (seis goles encajados en ocho partidos), el Rennes en Francia (cuatro en nueve), el Olympiacos en Grecia (tres en seis), el Bursaspor en Turquí­a (tres en ocho, más seis en tres encuentros de Champions), el Anderlecht en Bélgica (ocho en 11), el Twente en Holanda (cinco en nueve) y el Oporto en Portugal (tres en siete, y a cero en la Europa League).

De todos ellos, sólo el Oporto -aunque en un entorno competitivo menos exigente- presenta un promedio similar (0,33) a los de Madrid y Chelsea. El siguiente en el ranking serí­a el Inter de Milán. Curiosamente, cuatro equipos unidos por un nexo común: José Mourinho.

CRISTIANO RONALDO Asistencias de gol


El Audi R8 brilla como una bola de billar roja lanzada por la M-40 a toda velocidad. Coge una salida a la derecha, quema caucho, otra a la izquierda, más caucho, luego una glorieta, luego Valdebebas y ahí­ está la Guardia Civil esperando. Baja el cristal ahumado y se descubre la portentosa cabeza de Cristiano Ronaldo. Las gafas de piloto espejadas, el pelo laqueado, el permiso de conducir.

El año pasado, en más de una oportunidad, la Guardia Civil instruyó a Cristiano sobre cómo cumplir con el código de circulación. Este año, no se sabe si fueron los pitos del Bernabéu o fue su entrenador, José Mourinho, quien le persuadió de que soltase la pelota.

El dí­a de la visita de Osasuna, en la segunda jornada de Liga, el público se manifestó en su contra con la vehemencia de las multitudes que lanzan un ultimátum. Mourinho fue más dulce. Durante un mes, entre mediados de agosto y mediados de septiembre, no dejó pasar una sola de sus conferencias sin lanzarle elogios: «Es ejemplar», «deben protegerlo», «es valiente», «es honrado», «es intocable». El técnico intercaló exaltaciones públicas con amables sugerencias en la caseta y el jugador captó el mensaje.

Entre seducido por su entrenador y amenazado por su afición, Cristiano empezó a ver a sus compañeros. Detectó a í–zil, percibió a Higuaí­n y tiró paredes con Di Marí­a, entre otras acciones desacostumbradas. Desde entonces da pases de gol a un ritmo desconocido hasta ahora en su carrera.

Cristiano ha dado cuatro pases de gol en siete partidos de la Liga y uno en tres de la Champions. En la Liga el promedio es de una asistencia cada dos partidos. En el curso 2003-2004, cuando llegó al Manchester United, dio una cada diez. En el pasado firmó un pase de gol cada cuatro. Ahora se aproxima a su mejor registro en una faceta del juego que explica su progreso. El hombre aprende.

Higuaí­n ha metido tres de sus cuatro tantos en esta Liga gracias a su compañero portugués. Carvalho también le debe su gol. Y en la Champions el que se ha beneficiado de los centros del delantero es í–zil. Algo inaudito en la trayectoria de un jugador que hizo de las empresas individuales su sello de marca y que ahora, a sus 25 años, parece alterar el plan que le ha dado prestigio y fortuna.

Rolí£o Preto fue el primer entrenador de Cristiano en el Sporting de Lisboa, el club que le formó. «Tiene la finta de nacimiento. Solo le falta aprender a definir», decí­a Preto de su pupilo, cuando se marchó al Manchester. Durante una época, Cristiano fue tan individualista que se perdió en su dribling. En su primera temporada en Inglaterra no pasó de los cuatro goles en la Premier. En la pasada metió 26 goles en la Liga a pesar de los dos meses que tuvo que apartarse para curar una lesión de tobillo. Su media en España es de 0,9 goles por partido. Con los años, Cristiano mejoró como definidor. Ahora, poco a poco, parece que va logrando que también definan los demás.

Frente al Milan, el martes, además de abrir la cuenta del Madrid, Cristiano estuvo a punto de ayudar a Di Marí­a a meter el tercer gol y puso el centro del tanto de í–zil, el segundo en brillar en el marcador.

Sus cuatro asistencias en siete partidos de Liga contrastan con su historial. En 2004 precisó jugar 29 encuentros para dar tres pases de gol. Sus receptores fueron, por este orden, Keane, Bellion y Van Nistelrooy. Al año siguiente no mejoró: cuatro asistencias en 33 partidos: goles de Smith, Giggs, Rooney y Keane. Solo a partir de 2006 comenzó a mejorar. Cuando dejó Inglaterra, Rooney le debí­a 13 goles. Hasta ahora es su mayor beneficiario.