Las fuerzas políticas que respaldan al presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, sufrieron una abrumadora derrota en las elecciones legislativas de ayer, lo que insufló un viento de optimismo en la oposición, que ahora busca cómo sumar fuerzas.
Los dos principales movimientos opositores, el de la ex primera ministra Benazir Bhutto, asesinada el 27 de diciembre, y el de su rival de los años 90, Nawaz Sharif, encabezaron ampliamente los resultados de hoy, aunque ninguno de ellos dispone de una mayoría suficiente para gobernar en solitario.
El ex primer ministro Nawaz Sharif pidió rápidamente a la oposición que se una para «librar a Pakistán de la dictadura», en un claro mensaje contra Musharraf, que lo sacó del poder mediante un golpe de Estado hace más de ocho años.
Asif Ali Zardari, esposo de Bhutto y nuevo jefe del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) prometió «un gobierno de consenso nacional con todas las fuerzas democráticas».
Previamente, la Liga Musulmana de Pakistán – Qaid-e-Azam, en el poder desde 2002 y principal apoyo del jefe del Estado-, había reconocido su derrota sin ambages.
«Los electores entregaron su veredicto y como demócratas, nosotros aceptamos ese veredicto», declaró su portavoz, Tariq Azeem.
Otra sorpresa del escrutinio fue la estrepitosa derrota de los islamistas, que en 2002 consiguieron un buen resultado.
El Muttahida Majlis-e-Amal (MMA), una alianza de partidos fundamentalistas, algunos de ellos abiertos partidarios de los talibanes y de Al Qaida, sólo obtuvieron tres escaños, en lugar de los 50 de 2002.
De hecho, estas elecciones parecieron demostrar que la población tiene aversión por los grupos armados cercanos a la red de Osama Bin Laden, que desde hace un año llevan a cabo una campaña de atentados suicidas extremadamente violenta en todo el país.
Pero la participación electoral, del 45%, apenas mejor que las consultas precedentes, no puede ocultar el desinterés de los paquistaníes por la política.
A última hora del día, los resultados en la casi totalidad de las circunscripciones, divulgados por la televisión pública, situaban al PPP en cabeza, con 87 escaños, seguido de la PML-N («N» por Nawaz) con 66, la PML-Q con 39 y su tradicional aliado, el MQM, con 19 escaños.
Esos resultados son escrutados con ansiedad en las capitales occidentales, sobre todo por Washington, que desde hace meses ejerce una presión intensa e inhabitual sobre Musharraf, su aliado clave en la «guerra contra el terrorismo» para evitar que esta República islámica de 160 millones de habitantes desemboque en el caos.
Estados Unidos ha sugerido subrepticiamente en los últimos meses que el armamento nuclear paquistaní podría caer en manos equivocadas.
Washington no oculta tampoco su enfado ante lo que considera el regreso de los talibanes y de Al Qaida en las zonas tribales del noroeste fronterizo con Afganistán.
Los kamikazes cercanos a Al Qaida causaron más de 800 muertos en 2007, que se convirtió en el año más sangriento de la historia de Pakistán.
Desde principios de 2008, unas 150 personas han muerto en una campaña de terror que se intensificó a medida que se acercaban las elecciones, y que culminó con el atentado suicida que costó la vida a Bhutto.
Sharif pidió la dimisión de Musharraf. Pero el jefe de Estado ha sido reelegido para los próximos cinco años y no dimitirá, replicó su portavoz.
Estados Unidos estima que Pakistán «dio un primer paso hacia la plena restauración de la democracia», luego de que el presidente Pervez Musharraf reconociera la derrota en las elecciones legislativas, dijo ayer el portavoz del Departamento de Estado, Tom Casey.
«Pakistán dio un paso hacia la plena restauración de la democracia», indicó Casey a periodistas. «Esto es algo que esperábamos ver y sobre lo que habíamos hablado durante mucho tiempo», agregó.
Según el portavoz, Washington desea que Musharraf, su aliado clave en la «guerra contra el terrorismo» lanzada tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, permanezca al frente del país, pese estos comicios, cuyo resultado llamó a respetar.
«Ciertamente esperamos que quienquiera que sea el próximo primer ministro (…) pueda trabajar con él (Musharraf) y con otras facciones para solucionar problemas clave: combatir el terrorismo y el extremismo y continuar el proceso de reformas políticas y económicas», indicó.
«Deseamos que los resultados de las elecciones sean respetados por todas las partes», añadió.
Las fuerzas políticas que respaldan al presidente de Pakistán sufrieron una abrumadora derrota en las legislativas de ayer, que podría conducir al jefe de Estado a entregar el poder de la única potencia nuclear del mundo musulmán a una coalición opositora.
Hoy al mediodía, según resultados parciales difundidos por la televisión oficial, los partidos que apoyan a Musharraf ya no podían, matemáticamente, constituir una mayoría parlamentaria.