La reforma migratoria de los Estados Unidos brinda a Guatemala la oportunidad singular de hacer causa común con un objetivo trascendental. Por abundantes razones, desde el freno de redadas y deportaciones y la continuidad del envío de remesas hasta el establecimiento de procesos dignos de integración a la sociedad estadounidense, todos los sectores nacionales, con rarísimas excepciones, estarán de acuerdo en que urge que Estados Unidos modifique, positivamente, su ley de inmigración.
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Nuestro país suele estar dividido y fragmentado. El racismo hace que los pocos blancos y los mestizos discriminen a los indígenas. Los pocos ricos, en procura de sus intereses sociales y económicos, discriminan a las capas medias y con mayor razón a los pobres. En materia política, la existencia de alrededor de veinte partidos políticos activos o en formación (o fragmentación) indica que no existe unidad ni en la derecha, ni en el centro ni en la izquierda. En materia religiosa, se amplía la fisura entre católicos y protestantes fundamentalistas, al tiempo que se mantiene el rechazo hacia la religiosidad indígena. Y, en general, se nos conoce como los «cangrejos chapines», porque no dejamos sobresalir a nadie con crítica sumamente destructiva e intolerancia hacia quienes toman iniciativas, por muy buenas que éstas sean.
Así, deberíamos ver como una oportunidad extraordinaria el poder sumarnos todas y todos, sin distinción, a una causa justa y noble. Las y los guatemaltecos en el extranjero, que también hemos tenido y tenemos diferencias entre nosotros y con grupos de otras nacionalidades, hemos identificado que el esfuerzo de lograr una reforma migratoria humana en los Estados Unidos es motivo de unidad entre nosotros y con otros grupos de inmigrantes. Se trata de regularizar la situación de millones de seres humanos, quienes al ser indocumentados no llegan a ser siquiera ciudadanos de segunda categoría, y de propiciar un flujo migratorio futuro, en condiciones de dignidad y seguridad, que produzca desarrollo en el país de destino, en el país de origen y para los propios migrantes. Esta creciente unidad nos permitirá incidir en el proceso de reforma que empieza ya a caminar en el Congreso de los Estados Unidos.
Por esta razón, el 7 y 8 de diciembre, una comisión de migrantes guatemaltecos que, junto al Ministerio de Relaciones Exteriores, coordina esfuerzos en Estados Unidos, estará de visita en Guatemala, para dialogar con autoridades del Estado y sectores de la sociedad civil. Al compartir información y análisis sobre el proceso de reforma migratoria y nuestro involucramiento en el mismo, la comisión tratará de generar respuestas unitarias del Estado y de nuestra sociedad. Necesitamos de su acompañamiento en la lucha por conseguir cambios positivos en la política migratoria de los Estados Unidos, así como en su política de cooperación y ayuda al desarrollo. La migración ordenada del sur hacia el norte solamente se podrá dar cuando nuestra población, particularmente nuestra juventud, no se sienta obligada a dejar el país como única forma de salir adelante y ayudar al desarrollo de sus familias. Asumamos, unitariamente, nuestra responsabilidad de apoyar esta lucha.