Oportunidad para unirnos como nación


Oscar-Clemente-Marroquin

Hoy, en la víspera del fin del 13 Baktún, indígenas y ladinos en Guatemala nos preparamos para un acontecimiento que ha puesto en evidencia el inmenso conocimiento de nuestros ancestros mayas, al punto de que aún los ladinos que se sienten más filudos tienen problemas para entender esa cuenta larga del tiempo y explicarla en la forma sencilla en que nos la pueden explicar los ancianos indígenas que han recibido por la tradición oral información sobre los descubrimientos extraordinarios que al día de hoy obligan a quitarse el sombrero ante tanta capacidad.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Nadie puede negar que estamos frente a la evidencia más rotunda del avance científico que tuvo la civilización maya y por esa razón es que el mundo entero mantiene los ojos ahora en nuestra región, aunque la mayoría se centre en México porque los mexicanos sí que supieron aprovechar el acontecimiento mientras que nuestras autoridades evidenciaron su inutilidad, no sé si producto de ignorancia de lo que se conmemoraba o simplemente porque así es su estilo. Pero volviendo al tema del respeto que inspira la cultura maya y sus avanzados conocimientos, creo yo que el Gobierno y nosotros como sociedad tendríamos que realizar profundos esfuerzos por aprovechar el momento y utilizar esta toma de conciencia a efecto de que podamos establecer un trato más igualitario entre ladinos e indígenas y que nos acostumbremos a cambiar los viejos moldes de racismo que prevalecen en el entorno nacional.

Si algo nos puede dejar el viejo Baktún y traer el nuevo es la actitud distinta de los guatemaltecos, indígenas y ladinos, para conformar una sociedad en la que principiemos seriamente a combatir el racismo y la discriminación, en la que nos podamos entender con base en el mutuo respeto de las capacidades y valores de cada uno de los segmentos sociales, dejando atrás todos esos prejuicios que encasillan el pensamiento colectivo de los guatemaltecos con criterios que carecen por completo de sustento real, pero que se han ido afianzando en el imaginario colectivo para descalificar a los descendientes de quienes llegaron a tener avances que ni siquiera los pueblos que algunos consideran más civilizados de la antigüedad pudieron siquiera imaginar.

El orgullo que tenemos que sentir cuando en el extranjero se nos habla del calendario maya y de la forma en que los antiguos habitantes de esta región del mundo llegaron a medir el tiempo y conocer la astronomía, se tendría que traducir en acciones concretas en el día a día, cuando aquí nos toca convivir con los herederos de esa raza. Personalmente he tenido la oportunidad de hablar con mucha gente afuera de Guatemala a lo largo de este año sobre el tema del Baktún porque Hollywood lo puso en el tapete con la película 2012  que se refería a una “profecía” sobre el fin del mundo para el día de mañana. Al explicarles la forma en que los mayas llegaron a conocer el movimiento de los astros y que lo hicieron a simple vista, sin la ayuda de telescopios, pero con tal precisión que podían anticipar los períodos de siembra y de cosecha, así como con exactitud los solsticios y equinoccios, entre tantas otras cosas que llegaron a dominar, uno nota gestos de admiración y de respeto para una cultura que ha sido vilipendiada y que aún en esas películas se pinta como de medio magos y de salvajes.

Estamos ante un acontecimiento de importancia mundial y el centro de los estudios está en la ciudad ceremonial de Tikal. Por mucho que México lo celebre mejor y más astutamente, era Tikal el centro de la sabiduría y en respeto a ese antecedente, en respeto a nuestros ancestros, debiéramos tender puentes de entendimiento para iniciar un nuevo Baktún de respeto y concordia.